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Significado, sentido, importancia, trascendencia

 “Significado, sentido, importancia, trascendencia”… Momentos que marcan, a nivel de comprensión, el transcurrir de la vida.

Pareciera que, cuando se sabe el significado –y lo que significa-, el sentido también se aclara; el sentido también se pone en orientación adecuada. Pero… no es del todo así, en la práctica.

Puedo entender el significado de… algo “limpio”, pero eso no significa que yo sienta que deba limpiar. Por ejemplo. Eso es muy frecuente. Todo el mundo entiende el significado de la higiene, puesto que previene, evita e impide que se desarrollen enfermedades –¡por ejemplo!-. Pero… a la hora de sentir la actuación en ese desarrollo… “¡Ah!, eso ya…”

Sí. Se pensaba que, cuando uno entendía, uno hacía. Pero se puede entender muy bien, y dar un speech extraordinario “a propósito de” –lo que sea-, y luego, el sentido que eso tiene para mis sentidos, para mi hacer… puede ser nulo.

Eso es algo que se debate aún, y llama la atención en el “comporta-miento” del ser humano.

Se le ha dado tanta importancia a nuestra capacidad de designar, interpretar y… y saber el significado de lo que ocurre, que pareciera que eso le estuviera ocurriendo ¡a otros! ¡Sí! Como si se hubiera colocado, el ser, como espectador; tan absolutamente espectador, que él no participa de esa historia.

Es, quizás, esa sentencia cristiana de “Ver la paja en el ojo ajeno, y no ver la viga en el ojo propio”. ¡Sí! Tiene mucho que ver.

¿Y, en qué medida –vuelve la pregunta- el significado, el saber el significado de todo esto, ha modificado o… tiene que incidir en el sentido de su actuación, en el sentir de su posición…?

Vuelve la respuesta: la mayoría de las veces, no incide.

El espectador se ha quedado expectante… pero, cuando sale de la sala de expectación, toma el rumbo que más le gratifica, según las reglas, las normas y las propagandas… y las llamadas habituales que haya en ese momento.

Todo hacía suponer que, al conocer el significado de la mentira, el significado del robo, el significado de la corrupción, el significado de la droga, el significado del alcohol, el significado de… –lo que significa eso para el ser-, pues el ser corregiría, ¿no? ¡No!

Y se llega a situaciones tan curiosas –sin duda, dignas de estudio- como cuando se dice:

-La droga te va a matar poco a poco…

Y el que la toma, dice:

-¡No tengo prisa!

-La mentira va a acabar contigo poco a poco…

-Dice: ¡Me da igual! No corro.

 

-¡Así no puedes seguir…!

-¡Pues ya ves! Ahí voy…

¡Madre mía!

-¿No ves que esto te hace daño?

-Sí. Lo veo.

-¿Y te gusta que te haga daño?

-No.

-Entonces, cambia el sentido de tu…

-No.

-¿Por qué?

-Es que… es que…

-Es ¿qué?

 

¡Es tal! –es tal- la impronta que hace la concepción de funciones, atributos, realizaciones… de una cultura o una sociedad; es tal la impronta de poder, ¡tan terrible!, que… aunque nos digan que la tierra gira, ¡aunque sepamos que la tierra gira!, y el sol –con referencia a la tierra- está quieto, seguiremos diciendo que “Ha salido el sol”… y “Se ha puesto el sol”.

Es un ejemplo muy demostrativo. ¡Podría haber cambiado el léxico!, ¿no?: “Se ha puesto la tierra”. “Se ha mostrado la tierra desde este punto…”.

¡Pero no! Se… Ni siquiera es “perseverar en el error”, ¡no! –que eso tiene su significado-, sino que ya se estableció así, ya se quedó así… y, en consecuencia, por mucho que aprenda, descubra, conozca el significado “de”… voy a seguir así.

Desde la óptica de la creencia de mejorar, de desarrollar, de crecer… and etc., es demoledor.

Desde la óptica –claro- de lo establecido, de lo convenido, de lo aceptado, de que soy un producto –en definitiva- de una civilización, pues es estupendo que todo siga igual; ¡aunque!... a la vez, se está, y se investiga, y se descubre y se saben los significados de cada vez más acontecimientos y sucesos –de biología, de astronomía, de geología, de…-.

Y cierto es que hay excepciones. Sí. Las menos, menos, menos, menos, ¿eh?, pero las hay, sí.

En ese juego de “significancias” y de sentidos, obviamente se baraja ¡lo importante!... y lo trascendente.

Nos podemos dar cuenta de que, importante, es… ¡todo! También podemos darnos cuenta de que nada importa. Pareciera como si fuera un columpio: que ahora importa, ahora no importa; ahora importa, ahora no importa… O un partido de tenis: no importa – sí importa; no importa – sí importa; no importa – sí importa. Hasta que, depende de dónde caiga la bola, pues importa. O no importa.

¿Qué es importante? ¿Qué no es importante? ¿Cómo, a través del tiempo, las cosas importantes se van modificando? Y antes era muy importante una “pluma estilográfica”…

“¡Guauuuu! ¡Una estilográfica! ¡Me han regalado una pluma estilográfica!... ¡Joer! Por la primera comunión, una pluma “estilo-gráfica”…”.

“Estilo gráfico”: o sea que la ponías, y ella sola te hacía los dibujos. Y aspiraba tinta. ¡Y te manchaba todo!, porque no sabías utilizarla, ¡capullo! ¡Pero tú tenías tu “estilográfica”! Importantísimo, la estilográfica.

Pero, poco a poco, pues… de la estilográfica, pasaste a las pantorrillas de las chicas.

-¡Vaya, hombre! ¡Qué cambio!, ¿eh?

-¡Lo importante son las pantorrillas! ¡Como las pantorrillas estén muy divididas, queda feo! Si las pantorrillas están unidas, queda bonito.

-¿Cómo?

-¡Bueno! Esto son… las normas, lo que se dice. Hay personas, no obstante, a las que les gustan las pantorrillas divididas, y ver los dos núcleos musculosos. Pero hay otros que piensan, desde el punto de vista estético –de la pantorrilla de la mujer, estamos hablando, claro-, que sólo una pantorrilla, es mejor. O sea, que los gemelos se unan, ¡vamos!; que no se desarrollen…

–¡Es que hay que explicarlo todo!, ¿eh?-.

Pero, hay gustos también, ¿no? O sea, depende de cómo… Y es importante, sí. Eso puede empezar a ser importantísimo.

¡Y si de la pantorrilla pasas a la rodilla!, eso ya es un cambio de nivel casi trascendente. Empieza a importarte lo que tú nunca habías pensado que te iba a importar.

-¿Y la estilográfica?

-¡Ah! ¡La estilográfica!… ¿Dónde estará la estilográfica?

Ahora han cambiado mucho las cosas, y lo que te importa es la Nintendo, el jueguito de los marcianos, el… –¡pufff!-… Ahora importan otras cosas. Importa lo importado, lo de importación, lo de exportación…

Cierto es que, a nivel de importancia, los afectos y emociones, sensaciones… y demás estilos de sentidos, sentires y sentido, han ocupado una faceta… ¡importante!

¡Quizás sea “lo importante”! Pero es curioso, ¿no? Todo está bien, todo está bien, todo está bien… y resulta que un enzima –¡uno!, uno solo-, no está bien desarrollado, y te puede organizar un desastre físico y mental… ¡increíble!

Entonces, ¿qué es lo importante? ¿Ese enzima?

¡Hay que saber estar encima!, ¿eh? No cualquiera sabe estar encima. Porque, a veces, te pones encima y pesas como una tonelada. Pues… ¡pues no! No te haces importante, ¡te haces insoportable!

¡Sí! O sea que… es importante también –también, también; sí, también- lo tan pequeño, que es invisible; lo tan pequeño, que es intangible; lo tan pequeño, ¡que es detectable sólo en un laboratorio! ¡Muy importante!

Y estamos llenos de ese tipo de mecanismos: cientos de millones de procesos se desarrollan en el silencio, mientras nosotros nos fijamos en las pantorrillas, en las rodillas, en los marcianos o… en la próxima obra que vamos a ver o a hacer.

Pareciera injusto. ¡Pero no! ¡No! ¡Tampoco es así! Todos esos pequeños e importantísimos procesos, se han integrado, se han confabulado, para dar una respuesta mayor.

Y es ahí cuando podemos… –bueno, ¡entender el significado de esto…!- cuando es posible pasar de lo importante a lo trascendente; como un paso… natural, ¡fácil!

Y es que empezamos a darle trascendencia a lo importante –que para otros no lo era pero para otros sí, como los ejemplos que hemos puesto- y entonces vemos la trascendencia que tuvo aquel momento; cómo trascendió…

¡Ay!... ¿Qué… qué hubiera sido de mí –puede decir cualquiera- si, aquel día, por aquel detalle, en vez de haber dicho que “sí”, hubiera dicho que “no”? ¿Qué… qué vida hubiera vivido?

¡Trascendente!...

Un pequeño detalle. Sí, sí. Esos pequeñísimos detalles –como los enzimas, ¿verdad?- se vuelven de nuevo evidentes –aunque están confabulados para que seamos una idea brillante-… se vuelven ahí, presentes, para advertirnos de que, cada momento –en el sentido de las evidencias- en el que nos encontremos, puede… –¡ja!, “puede”-… “¡marca!” el sentido de hacia dónde vamos.

-¡Pero no creo que por una insignificancia –se suele decir- de este detalle!, haya podido…

-Sí. ¡Créalo!... El veneno es invisible.

¡Sí, claro! Suele ocurrir también que… “¡Bueno! Según eso –a veces, al oírlo- pues habrá que estar con doscientos ojos atentos, por ver si…”.

¡No, no, no! ¡Faciliten!

Vivir en el mundo de las evidencias, es posible gracias a la sinceridad. Nos permite darnos cuenta de ¡los detalles!... que configuran el sentido adecuado de nuestro desarrollo y de nuestra evolución.

Cuando la oración –como enzima- se pone de manifiesto, el significado, el sentido, la importancia y la trascendencia se hacen un nucleótido, un núcleo integrado por varios elementos. Se hace una comprensión; una compresión.

Y así, somos capaces de integrar lo que significa, casi automáticamente, con sencillez, con facilidad; y crecer… ¡inmediatamente!

Pronto, ¡muy pronto!, antes de lo que podríamos pensar, nuestro ser nos reclama –como universo que es- qué es lo trascendente.

Nos reclama una posición… trascendental.

¡Nos reclama una actitud trascendente!...

Porque ése es el oficio y el momento culminante del ser.

Se ha podido entretener –y se entretiene- con el significado o el sentido… y la importancia, pero, cuando menos te lo esperas, tu propia naturaleza, la vida –en su creatividad-, te pide trascendencia.

Y es… es –en el sentido de creer-, cuando se dispone de la oración, es a través de ella que, con más facilidad, con más posibilidad, aparece esa llamada; ese ¡reclamo!

Trascender, ascender y convertirse… como visible, en invisible; como agua, en vapor…

No dejamos de ser lo que somos, pero alcanzamos otros estados… que nos permiten tener un avance progresivo… y una creatividad incesante.