Evolución sellada

 

En algún momento –difícil… o imposible de precisar- la consciencia de humanidad selló su momento evolutivo, con unos criterios, con unos principios, con unos… sentidos. Y ese sello dio carácter a la especie, y la situó en la posición que ocupa hoy: como la especie más depredadora, destructora y… y capaz de acabar consigo misma.

 

Hay… signos –a propósito de posibles mutaciones que se avisan- de un nuevo salto para ¡quitar el sello!... que nos dijo qué era lo bueno, qué era lo malo; qué era lo alto, qué era lo bajo; qué era lo cercano, qué era lo lejano; qué era lo deseable, qué era lo no deseable.

Signos todavía muy débiles como para argumentar que están pasando. Aunque sí creemos que están pasando, pero muy delicadamente. Lo mayoritario y lo espectacular es… lo que llamamos “actual”, y lo que vemos que anuncia –eso sí, a bombo y platillo- esa “sexta extinción” que le correspondería al ser humano.

 

¿Qué, qué ocurrió –paulatinamente, o poco a poco, o de repente- para que se “sellara” esa evolución, y se diera por zanjada, por terminada, hasta que acabe consigo misma?

¿Estrategias de la Creación?… ¿La misma que crea el amanecer, la lluvia… y las flores? ¿La misma que propicia las mareas, los crepúsculos y las… aves con sus cantos…?

 

Dentro del Misterio no podemos negar ninguna opción. Pero ¿qué participación le corresponde a la especie, para quedar “sellada” en unos conceptos y en unos ‘haceres’… y dar por válida la muerte, dar por justificación la violencia, como medio para la conquista de la supervivencia?

 

¿Qué sello tan especial se gestó en la especie sexuada, para que los componentes se enfrentaran, y uno dominara exageradamente sobre el otro?

 

La oración nos lleva a “los sinfines”… y nos pregunta a nosotros, criaturas insignificantes. Pero si lo hace es porque… en algo… tenemos participación.

 

Cuando la especie se separa significativamente –por su inteligencia- de las otras especies, pareciera que eso anunciara una maravilla de conformación de vida. Pareciera que eso anunciara una culminación de un ciclo vital, en este lugar del universo.

Pero no fue así. ¡Fue justamente lo contrario!

Pareciera que todo estuviera preparado para recibir a “¡el mentor!” de lo paradisíaco y lo complaciente. ¡E incluso podemos decir que así era! Pero, cuando este hecho se produce –de la forma que sea: creacionista, evolucionista… ¡da igual!-, la resultante no es la gestación paradisíaca.

La resultante es… la capacitación progresiva de la inteligencia para… subordinar, a todo lo creado, a sus pies. Para hacer esclavos… a todos los vivientes. Incluso a ellos mismos.

No hacía falta inventar a “el demonio”.

Pero surge la gran pregunta que siempre palpita… ¡en esta mente sellada! –salvo excepciones y ocasiones-:

¿Por qué esa permisividad? ¿Por qué esa… evolución?

¿Qué ventajas, para lo vital, tiene esta disposición? ¿Qué… qué aporta, para la vida, la actitud de la especie? ¿¡En qué la mejora!?

 

No se encuentran indicios de que la intervención humana mejore, en algún sentido, la vitalidad de la vida. La desaparición de especies diariamente, la ‘esquilmación’ de todo el entorno –por citar lo más obvio-, no nos habla de “mejoras”.

 

Es… es significativo darse cuenta de esta perspectiva “relevante” –quizás, también, reveladora- en la que se encuentra nuestra comunidad de vida, con siete mil novecientos –y largos- millones de seres.

 

Sí. Las explicaciones religiosas nos aportan respuestas a esta pregunta, al darnos por ocurrida la rebelión del ser ante la Creación, y el posterior castigo de ésta hacia nuestra estirpe. Pero se nos hace muy… ¡muy cruel! “Muy cruel” en el sentido de que, por las casualidades, los imprevistos, las sorpresas, lo inesperado, ¡lo milagroso!, etc., no parece –“no parece”- que ése sea el proceso o el mecanismo: desobediencia, castigo… y penares y quejares por una eternidad.

 

En este “ensayo –llamémoslo así- de vida”, en el caso de la humanidad, como ensayo… puede ocurrir cualquier cosa. Y, como ensayo, ocurra lo que ocurra hay que contemplarlo.

¿Será que fue así: un ensayo vital? ¿Y que se la contempla, a ver… –para hacernos una idea, ¿no?- a ver cuál es su respuesta, cuál es su capacitación…?

Aunque… dentro de un Misterio. Porque no nos imaginamos al Misterio Creador, a lo Divino, mezclando pócimas… y a ver qué sale, ¿no? Pero, para que nos sirva de mini guía, podría ser de esa manera.

Y estamos siendo contemplados, generación tras generación, ¡sin prisa!, aunque con ¡urgencia!

 

.- ¿Sin prisa… pero con urgencia?... Parece que no pega.

.- ¡Oh, sí, sí! Sí pega. Depende de dónde pongamos el cronómetro.

 

Bajo la dinámica estelar, no hay prisa –si ésa es nuestra referencia-. Bajo la dinámica de… “día-noche, día-noche, día-noche”, pues puede haber muchas prisas.

 

Si nos revelamos –en el sentido de que nos vemos, puesto que nos estábamos buscando- y nos descubrimos como “sellados”, como necesaria y obligatoriamente…    –permitamos la palabra momentáneamente- “condenados”… en este ensayo, bajo estas perspectivas, cabe preguntarse:

“¿Puedo...? Más que “puedo”: ¿Debo, siento que… algo he de hacer? ¿En mi capacitación inteligente tengo recursos “para”…?

¿Se espera de mí una respuesta…? Sin que ella sea la supremacía del saber o la grandeza de “el logro”      –¡no, no!-, sino, una parte de esa evolución sellada, que me corresponda también participar en ¡quitar el sello!, para que siga… y no se estanque en su propia destrucción”.

 

Visto así… sí, tenemos una participación.

Sin plantearnos ser salvadores, ni redentores, ni… ¡No, no! Parte de la actividad del ensayo que somos, tiene como deber el evitar nuestro ¡desastre total!… y habilitar nuevas concepciones, ¡y sentir diferentes perspectivas que nos den otros modos!, otras maneras que no permitan quedarnos anclados y sujetos a cualquier radicalismo, por bello que sea –que “parezca” ser-.

 

Esta sugerencia orante se nos puede hacer –y se nos hace ya- como una… responsabilidad ¡muy grande!, de la que fácilmente podemos recurrir a nuestra evolución sellada, diciendo: “No, no. Yo… yo solo… Yo, ¿y qué voy a hacer yo? No”.

 

Sí. Usted. No “solo”. Pero, usted, con su capacitación, con sus recursos, tiene la responsabilidad –y eso no significa daño, dolor, trauma, no; responsabilidad; ¡respuesta, pues!-… tiene esa responsabilidad de dar con llaves que abran otras puertas, y que nos hagan partícipes de un movimiento que ¡destape!... ese sello estructural, mental… y abrirnos a no se sabe qué, pero… ¡que se intuyen algunas cosas!

 

Y así, por ejemplo, despertar a evaluar lo que ocurre, de otra manera. Y, ante una guerra, por ejemplo, ya no considerar que es un arte: “El arte de la guerra”; ya no considerarla una necesidad de especie ni una forma de regular la población; ya, dejar de considerarla una necesidad inevitable. Por ejemplo. Y, ante lo que hay, empezar a tener otra perspectiva…

Es decir, que los mismos mecanismos y las mismas muestras que nos indican que hay deterioro e impunidad, en la medida en que lo asumimos y lo aceptamos, generamos una opinión, otra óptica, y no, dar una respuesta sellada que nos parezca normal.

 

El vivir, podemos contemplarlo con la óptica de numerosos e infinitos detalles; o podemos generalizar y no caer en detalles. Quizás debemos saber combinar las dos cosas.

Y así, por ejemplo, cuando vemos el detalle de… un señor que aspira a ser presidente de los Estados Unidos de Norteamérica –no de los grandes dos partidos, sino de otros que también participan-…

Se le preguntó que qué opinaba de Alepo. ¡No sabía de qué le estaban preguntando! ¡No sabía a qué…! Y dice: “Pero, ¿a qué se refiere?, ¿a qué se refiere? No sé…”.

Y cuando el periodista le informó de que era una ciudad siria que estaba siendo castigada de una manera cruel y tal, entonces, el hombre dijo: “¡Ah!, bueno, sí, sí…”.

 O sea… ¡no! No. Pero eso puede ser anecdótico y puede entrar dentro de… del pato Donald, o pato Trump. Pero hay algo más fino y más cruel, ya que ha salido así Siria:

Después de intensas conversaciones entre rusos y norteamericanos, se llega a la conclusión de que no es posible –por la actitud de Bashar al-Ásad- de que no es posible un “alto al fuego humanitario”. Pero, noticia de última hora –aquí viene lo cruel-: se ha logrado bajar la intensidad de los combates.

“¿Cómo… cómo que se ha logrado bajar la intensidad…? ¿Cómo se mide eso? En vez de diez bombas por minuto, cinco…?”.

¡Fíjense en el sello tan cruel!… Dice:

.- Bueno, hemos llegado a un acuerdo, finalmente.

.- ¡Ah! Entonces, ¿van a parar?

.- No. El acuerdo es que la intensidad de los bombardeos, de los ataques, va a ser menor.

.- ¡Ah!

Y nos podemos quedar diciendo: “¡Ah!, ¡qué bien!”. O nos podemos quedar diciendo: “Pero, ¿qué es esto? ¿Pero qué… qué clase de barbarie es ésta? Bajar la intensidad de una guerra… ante la incapacidad de establecer una mini tregua…”.

 

Es como querer calmar el ansia, la angustia y la ansiedad de los que están viviendo ¡allí!, y los que están opinando ¡allá!, y esperar que con ello todos quedemos satisfechos, y agradecer los esfuerzos diplomáticos que se han hecho.

No.

Nuestras alertas, nuestras alarmas, nuestras urgencias, nuestras búsquedas de nosotros mismos… han de estar muy despiertas, porque nos toca un compromiso dentro de la experiencia de la vida, dentro del experimento de la vida. Nos toca quitar el precinto que nos selló y nos colocó… en una especie cerrada, ¡condenada a morir!

 

Nos toca, a cada uno, incidir en esa inteligencia, en ese saber, en ese conocer, bajo la inspiración creadora del Misterio; bajo la inspiración de esa Fuerza… que se encarna en la oración. Dar una clara respuesta a… el acontecer de los detalles y al sucederse de las generalidades, y saber compatibilizar ambas.

Para ello hay que ‘artistisarce’; hay que… embellecerse…

 

Ser dignos representantes de la vida.

***

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