Hoy, la Oración se presenta incómoda

 

La comunidad humana –quizás por la evolución y la trayectoria “compleja”, y por su capacidad cognitiva- ha buscado, hasta ahora, el desarrollo de la comodidad.

Que es como decir: cómo doy el Do.

Cómo doy el Do, que implica importancia personal, nota musical, etc. Comodidad.

El camino hacia ella no ha estado exento de dificultades. Pero lo que podría ser una imprescindible adaptación, se convirtió en una necesaria y exigente adquisición: la comodidad. Y con ella, toda la órbita de la consciencia cognitiva, afectiva, racional, lógica, espiritual, económica, social… y un largo etcétera, se fue “acomodando”… –no adaptando- acomodando y acomodándose según el gusto y la necesidad de grupos, comunidades, individuos, etc.

Y la capacidad ‘inventativa’ se puso al servicio de “el menor esfuerzo”. ¡Oh, sí! ¡Oh, sí! ¡Oh, sí! Si antes te replanteabas tal o cual situación difícil, compleja, ahora se corta, simplemente. Empieza a ser in-cómoda. No se acomoda a mis… gustos –sí, en el fondo es así-.

¡Ah! Pero ¿y dónde está la capacidad evolutiva, adaptativa, regeneradora de nuevas capacidades? ¡No! Se va quedando paulatinamente abolida. Se le da un tiempo prudencial: 15 días, 20, un mes…; a veces se llega a dos y a tres años…

Pero, pasada una cierta temporalidad, se reniega del progreso cotidiano, se deniega la creatividad y la capacidad resolutiva, la capacidad reparadora… y se opta por la “aparente novedad”, cómoda, fácil.

Esta posición de especie crea permanentemente efectos secundarios que rebotan unos contra otros, que desorientan cualquier proyecto… y que, además, lo más significativo es que establecen prioridades de comodidades, hasta –no es el culmen, no, pero…- el ejemplo de padres que adoptan niños, ¿verdad?, y que luego no les gustan y los devuelven.

.- ¿Cómo?

.- Sí. Los devuelven porque les han salido un poco contestones o…

Eso ocurre. Es un ejemplo. Insisto: no es el culmen. El culmen es la cotidianidad de la comodidad, y perderse la oportunidad de descubrirse con capacidad para resolver, para reanimar, para reparar… un proceso; el que sea.

En ese ámbito, claro, la relación… –y ésta es la consideración que nos hace la Llamada Orante, con esta introducción- en ese aspecto, obviamente, la escucha orante se hace francamente incómoda: “Que hablen mal de mí, en público, no me gusta”. Cada cual se lo toma como una afrenta, y no gusta.

Esto va generando un tipo de relación de la comunidad humana, con el Misterio Creador, que, como dice el refrán: “Sólo se acuerdan de Santa Rita cuando truena”; es decir, cuando las cosas están muy difíciles, y ya la comodidad no sirve, ni los recursos están porque han sido abolidos. Entonces se pide la ayuda, el milagro, la intervención divina…

Justo por comodidad se ha colocado a lo Divino en el plano de la necesidad urgente. Mientras tanto, no te necesito. Es, en definitiva, una idolatría… producto de la comodidad.

El lenguaje divino del Misterio Creador se escribe diariamente.

¡Se escribe diariamente lo que acontece! Y lo que acontece se sucede por la intervención directa de la Creación, del Misterio Creador. Que nos va poniendo una serie de situaciones, dificultades, incomodidades, etcétera, para que sepamos, aprendamos cómo solventarlas. No nos pone la posibilidad de robar para ver si somos buenos ladrones, sino que nos pone la posibilidad de robar “para ver” –para ver, entre comillas- que somos capaces de ser honestos.

No nos pone la posibilidad de unas vacaciones o de un retiro para evadirme de la incomodidad o del estrés. No. Nos lo pone para que recapacitemos en nuestros recursos.

La comodidad genera esa intención de placer… que globalmente se convierte en el placer “vacacional” –por ejemplo- o el placer “evasivo”: “Me evado de esta situación que me resulta incómoda”.

Pero con un placer… evasivo. Como las drogas de evasión ¿no? Unos serán con chocolate, otros con marihuana, otros con alcohol, otros con sexo…

¡Bueno! Hay una variedad de placeres. Están ahí; ahí, dispuestos. Los hemos ido creando, como especie. Están ahí, a la orden del día.

Y a la hora de proponerse cómo solventar situaciones, inmediatamente el sujeto toma la vía del placer. De ese placer. Que requiere, claro, un mantenimiento cómodo. Cuando deja de producirle placer de mantenimiento cómodo, pues cambia inmediatamente a otra situación. A ritmos muy personales. Muy personales.

La Llamada Orante nos advierte de esta posición, puesto que el ejercicio vivencial de ella coarta la capacidad regeneradora, incapacita la creatividad cotidiana, impide la capacidad cognitiva de conocer. Y, en consecuencia, hace del vivir un placentero saltarín, siempre insatisfecho y siempre estancado en sus “bienes y derechos”.

Orantemente, este resultado resulta triste y desolador. Y más aún cuando la Llamada Orante propone un ‘essssfuerzo’, y las personas se asustan ante el ‘esssfuerzo’ que propone la oración, como si se fueran a romper; como si se fuera a escalar el Everest.

El ES-Fuerzo es la inspiración de la Fuerza Creadora.

Supone un “disponerse a” –¡por favor!-… un disponerse a ser un servidor de la Creación, un promotor de la vida, ¡un rescatador de imposibles!…

¡Porca miseria! ¡¿Cómo vamos a seguir insistiendo en los mismos modelos que nos petrifican?!

Pero es… pero es así. Y si no hay una ‘dis-posición’ a la escucha –diríamos a nivel del I Ching: a “la escucha obediente”-, cualquier acción o actividad que se desarrolle, estará siempre gestada por el preámbulo del placer vacacional, del placer instantáneo; como el café, instantáneo: la evasión. Pero no es una evasión como “La Gran Evasión”, que se escapa del dictatorialismo, de la imposición. ¡No! Es la evasión de cualquier ‘in-comodidad’ –volvemos con la palabra, claro-.

Y muestra de todo ello es que cada vez –como se ve socialmente en las comunidades más avanzadas- se vuelve al pasado: las modas, los tipos, los estilos… ¡Qué horror! –desde la óptica Orante-. Se vuelve a decir que “cualquier tiempo pasado fue mejor”. Y los envites que, lo que viene, que lo que ocurre, nos hace, se postergan; se apartan.

.- No, no. Esto es un problema.

.- Ya…

Problema significa: solución.

Solución implica: cálculo, estudio, introspección, evaluación de intimidades…

¡Pobre Sigmund Freud! ¿En qué quedaron todos sus análisis…?

En esqueletos aparentes para formulismos verbales… y nada más. El inconsciente, el subconsciente, el Ego, el Yo, el Superyó… todo eso está bien, pero… para charlar. Y salvo su auge inicial, después se quedó en la cómoda posición del diván y las charlas de “la gauche divine” –o “la izquierda divina”-. Pero a nivel de consciencia de Universo, de Creación, ¡de verdadero A-MOR!, no. Ahí se llegaba a un punto en el que lo que implicaba ello era un salto de lo libertino a lo liberador.

.- ¿Cómo?…

Sí, sí. Implicaba… implica un salto en el ejercicio de amar: de lo libertino, divertido, placentero, complaciente, a un salto hacia lo liberador. Que se mueve en otro nivel que resuelve, que afronta el problema –como un matemático- y lo resuelve… por Amor, con Amor.

Obviamente, en ese sentido del confort, del bienestar… pues obviamente, para favorecer la aparición de la prostitución sólo quedaba identificar amor, con sexo. Y se consiguió. Evasión-placer fácil-dinero… ¡Qué vulgaridad! Pero ahí está, extendido.

La comodidad en el Amar conlleva un costumbrismo… aburrido. E inmediatamente busca una complacencia ‘fàsil’‘fàsil’ es fácil, pronunciado en catalán-.

Ese dicho norteamericano: “It’s not my problem”. No es mi problema.

Y si llega mi problema, ya buscaré cómo evadirme del problema: con un seguro de vida, con un seguro de entierro, con unas vacaciones en el mar, con una aventura amorosa…

¡Hay multitud de ofertas!: masoquistas, sadomasoquistas, con colores, sin colores, con bombillas, sin bombillas, con aparatitos, sin aparatitos…

Cierto es que, en esa evolución, no es difícil que la carga propagandística de esa comodidad, de ese bienestar, de ese confort, sea tremenda. ¡Tremenda! Y empieza desde la más tierna infancia, cuando “todos los niños en Francia sabían hablar francés”. Es una poesía que casi todos conocerán:

Admiróse un portugués

al ver que, en su tierna infancia,

todos los niños de Francia

sabían hablar francés.

“Arte diabólico es

–dijo torciendo el mostacho-

que para hablar en gabacho…”

Y así sigue, no lo vamos a terminar.

Pero, sí, el portugués se admiró de que los niños chiquitillos en Francia sabían hablar francés. Por supuesto, el español no cuenta.   

Es impresionante la demanda de comodidad. ¿Saben? –un hecho que seguramente casi todos conocerán-: la inclusión del mando a distancia ha supuesto –y supone- un aumento de un kilo de peso al año, para los que ven habitualmente la televisión –que son la mayoría de los seres humanos-.

En España se consumen de 4 horas y media a 5, diarias, en televisión, en una población de 47 millones de habitantes. No vale decir: “Pero yo no veo televisión”. Usted no la verá, pero la mayoría sí.

Y ciertamente es tan fuerte que… con esa presión, es fácil que la persona no se dé cuenta. Entre que no se dé cuenta y que no quiere darse cuenta, se acomoda; se libra del problema o… lo que sea incomodidad. Y, ¡hala!, “vacaciones en el mar”.

La resultante es las sociedades que vemos, los gobernantes que tenemos, las leyes que se crean. ¡Y todos nos tenemos que dar por aludidos!, ante esta sugerencia de reflexión que nos hace la oración. ¡Todos nos damos por aludidos!, en diferentes niveles y en diferentes cosas. Y si no nos damos por aludidos es que no hemos escuchado la oración o no queremos escucharla o nos resulta ¡incómoda!

¡Ah!, ¡por cierto! Dios nunca ha sido cómodo. ¡Nunca! Pero nunca ha sido el castigador, el que está con el ojo avizor para dispararnos. No.

Está bien eso que dijeron de que “Dios es Amor”. Está bien. Pero no especificaron un poco más… y enseguida sacaron al demonio para crear esa dualidad, y se inventaron las tentaciones para crear otra… ¡otra comodidad!

Pero, sí: dentro del régimen de la “comodidad”, la comunidad humana ha hecho un Misterio Creador “a su imagen y semejanza”: cómodo. Que cuenta con él para algunas cosas; para otras no. Es un prêt à porter.

¡Qué bárbaro!...       

Descarnada se presenta la oración hoy. Descarnada, como abriendo el corazón de los seres, quitándoles la avaricia, el albedrío, el libertarismo acomodaticio, el “es mi cuerpo”, “es mi vida”, “es mi, mi, mi. Sí; se presenta la oración, incómoda. Porque esgrime el arte de Amar como ese prana capacitante de gestar permanentemente magias milagrosas.

Y nos descarna para que veamos, sintamos y nos preguntemos por el ánima de nuestros amores… a nuestros cuidados, nuestras entregas, nuestros servicios, nuestras capacitaciones, nuestras dedicaciones, nuestros… ¡proyectos! Como para advertirnos que, sin ese Amar extraordinario, excepcional, no es posible recrearse, no es posible creativizarse. Tan solo es posible acomodarse.

Y que, evidentemente, en ese mundo de acomodación, cualquier actitud de esfuerzo para mantener la llama viva de lo descarnado supone una renuncia a esa comodidad complaciente, ‘fàsil’.

Pero ciertamente, o en verdad, cuando el ser de esperanza, cuando el ser de fidelidad guarda sus recursos y su confianza en el Misterio Creador, ciertamente deja de ser problema, deja de ser comodidad necesitada, y empieza a ser novedad innovada, incomodidad creativa.

Y fíjense –nos dice también el descarnado Sentido Orante de hoy- con qué facilidad ha resuelto, la comodidad, los efectos secundarios que produce: “Perdón; lo siento”. “Perdón; lo siento”. “Perdón; lo siento”. ¿Qué “dón”? ¿Qué “per”? ¿Qué, qué siente? ¿Qué-qué-qué siente?

Claro, esas corrientes religiosas que llegaron perdonando los pecados: “Ego te absolvo a peccatis tuis, in nomine Patris et Filii et Spiritus Sancti. Amen”. ¡Y ya está! Entonces: “Perdón. Disculpa. Perdón”.

¿Te acaba de dar un golpe? “Disculpa. Perdón”.

¡O no!... Porque, a veces, ¡o no! Ni siquiera esa palabra. Pero es la habitual. Es la coletilla fàsil del placer mundano inmediato, para salir de cualquier problema… o cualquier movimiento liberador que me impida mi libertinaje: “Perdona, disculpa. Disculpa, lo siento”.

No… no. No se puede admitir, ¿verdad? Porque, como se ve, es otro facilitarismo, otra comodidad que se ha buscado la misma comodidad para seguir en el imperio de los gustos, las sensaciones, las…

Los ejemplos de estas situaciones –de esta situación que vive la comunidad humana- son muy obvios. Y como se decía: nos compete a todos; a cada cual en su posición.

Y, por supuesto, no se trata de entrar en el sacrificio, en el sufrimiento, en…

¡No, no, no, no! El hecho de que el Misterio Creador jamás sea cómodo no significa que nos lleve a la dolencia permanente. Eso para el martirio está bien. Pero el Misterio Creador no busca martirios, ¡no! Promueve liberaciones. Pero para ello, dada nuestra capacidad cognitiva, necesitamos ¡esfuerzos!, ¡dedicaciones!…; abandonar las comodidades… y la evasión fácil. Y todo ello a través de la materia prima del AMAR.

No hay fórmulas. Hay dedicación, hay propuestas, hay intenciones.

Lo que la comunidad humana ha podido lograr no ha sido en base a evasiones, no ha sido en base a facilitarismos. ¡No! Ha sido en base a vocaciones, amorosas vocaciones, que han supuesto ¡años!, ¡intenciones!

Y eso lo tienen muy cerca, porque están aquí. Y esto es una muestra.

Se descarna la oración para hacernos partícipes del Amor Creador que se derrama sobre nosotros para alertarnos; para que cada uno, en su situación, abandone el libertarismo cómodo del bienestar y del confort y asuma el sentido Liberador… que supone la entrega cognitiva y consciente y sensitiva hacia proyectos creativos, de ¡belleza!, ¡de arte!

Que la Piedad adorne el descarnado Mensaje Orante.

Y que la generosa Providencia nos ampare en su Misericordia.

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