“Todo por Hacer” desde “la Nada”, simultáneamente

 

Contemplar la humanidad bajo las ópticas de su transcurrir en este lugar del Universo –por simplificar las evolucionistas y las creacionistas- es una historia de trastornos continuados y permanentes.

Con esto sería suficiente para arreglar algo. Pero… transcurre el trastorno, desde los primeros momentos, como si algo –desde el principio- no estuviera debidamente aquilatado.

En la Creacionista, es fácil ver que el Edén, el Paraíso… ¡estaba bien, pero había que explorar otras cosas! ¡No te vas a quedar ahí, como heterosexual, sin probar otras cosas!...

Entonces, bueno, entre la desobediencia, el ocultamiento… Total: “trastornos”. Y a partir de ahí, más. Más. Porque… empezaron con las experiencias, ¿verdad?, y tuvieron descendencia. Y, para seguir experimentando, un descendiente mató al otro, para ver qué ocurre cuando alguien se queda quieto y no se mueve.

Esto, contado así, parece un chisme o un chiste, pero… es así. Es para darle un aire “des-trastornado”.

Claro, a partir de ahí, “las tribus de Israel”, pues bueno… fue una debacle: “Y éste engendró a éste, y éste engendró al otro, y se peleó éste con el otro…”. ¡Bueno, bueno! Hasta nuestros días, pasando por Babilonia, por Egipto… y por el Tercer Reich.

Como ven, sintetizar es cuestión de segundos, minutos… ¡breves! Entonces, lo que vemos en común en todo ese trayecto es un trastorno. Por no llamarlo de otra forma. Porque cuando hay trastorno hay posibilidad de corregir, de arreglar, de mejorar…

Dicen ahora, los evolucionistas, que la evolución del ser humano está ya completada, que no vamos a estropearlo más; o sea, que nos vamos a quedar como estamos. Eso lo dicen en base a… a nada. Quiero decir que no hay sustento. Es como si eso se dijera en tiempos de Neandertal: “Somos Neandertales, y no hay más que hablar”. Pues no, pues había otros que hablaban más. Y entre unos y otros se trastornaron.

Así visto, resulta un poco… –¿cómo diríamos?- “desmotivador”; un poco decadente; un poco –o un mucho- desarreglado.

La Llamada Orante nos hace esta introducción, para que entremos, con ese preámbulo de trastorno…

También hay que tener cuidado con esto, porque no puede ahora decir cada uno: “¡Estoy trastornao!”; y el otro: “¡Estoy trastornao, estoy trastornao!”… Sí, ya, si todos estamos trastornados, pero tampoco puedes ir por la calle, con la flor en la boca, gritando: “¡Estoy trastornao!”.

Porque el trastorno se identifica –y esto es importante- con algo… algo de la mente. La mente es un lamento. Sí, ¿verdad? Bajo el trastorno, la mente es un lamento. Y el lamento de la mente… ¡ufff!, hace un sentir ¡tan!, ¡tan!, ¡tan tan tan frágil!, que entre el lamento de la mente y la fragilidad del sentir… más que un trastorno, lo que hay es un drama, una tragedia, que puede empezar mañana, pasado, al otro…

Si nos remitimos –como dicen los evolucionistas: que ya estamos totalmente evolucionados- a las estadísticas, cuando nosotros estudiábamos estadística –en el siglo pasado, muy atrás del siglo pasado-, que empezaba la estadística, era la gran arma –todo son armas- la gran arma a favor de la medicina, de la tecnología. Por estadísticas se sabía: “De cada cien, noventa están trastornados, luego diez están bien”. Pero se lo comen los noventa trastornados. O… bueno, cualquier proporción.

La estadística, como decía el señor Winston Churchill: “La buena estadística es aquella que yo manipulo; la que no puedo manipular… no. Eso es… eso es ‘tolta’”. “Tolta” es una torta mal hecha.

Así que “trastorno”, “mente”, “la mente”, “lamento” y “fragilidad emocional".

Esto es lo que podríamos decirle a un extraterrestre –como se suele contar, aunque ya se cuenta menos- si viniera a visitarnos.

¿O qué le íbamos a decir? ¿Que hemos llegado a la luna, que hemos hecho bombas atómicas, que tenemos un robot que opera, que corremos en las olimpiadas más que antes, que ha ganado el Real Madrid la Liga…? No sé qué… qué otras cosas así, dignas de decir: “¡Ole, ole, ole! Para una faena que sale alguna vez… ¡ole, ole, ole!. A lo mejor los extraterrestres son anti taurinos, encima, y entonces estás perdido.

Así que, en base a toda esta “plantilla”, la organización humana se establece ‘la-mentablemente’ y ‘sentí-mentalmente’, emocionalmente, frágil; y para ello recurre –como remedio para el ‘tras-torno’- a las reglas, a las normas, a las obligaciones, al control, a la ley, al ¡orden!

No sabemos si eso fue producto de una catarsis general humana, o… o la aparición del Poder como el estigma que venía a arreglar todo el trastorno.

Y si se fijan, no vamos muy desencaminados. Porque a lo largo también de las historias que podemos contar y que nos cuentan… todo se ha ido “arreglando” (sic) con revoluciones, guerras, tratados, pactos, ejércitos, políticos, dinero… Todo buscando un control. Pero no… no incidiendo sobre el ‘tras-torno’ que hay detrás del “torno”. Y por eso, a lo largo también de “el historial”, pues tal país era así pero luego era asao…; tal norma era ésta, pero ahora ha cambiado y ya no es ésa, es la otra…; antes había que lavarse los pies, ahora no, hay que lavarse la nariz… No se sabe exactamente por qué, pero son “formas” –hasta ahora ineficaces- para los trastornos como especie, como humanidad: en lamentos de la mente y en fragilidad del sentir.

Se puede optar por un sentido dual, nos dice la Llamada Orante: o no se hace nada –“hacer nada”-, o “queda todo por hacer”.

Lo que se ha hecho para mejorar el trastorno ha generado más y nuevos trastornos.

Fíjese en algo muy curioso que ha trascurrido en breve tiempo, en brevísimo tiempo; que normalmente tardaría más: se ha hecho un esfuerzo para mitigar una serie de enfermedades infecto-contagiosas, y para mejorar y comer un poco más, abrigarse un poco más, limpiar un poco más… y, gracias a eso –entre otras cosas-, la humanidad vive más tiempo.

Y la tentación es aplaudir: “¡Oh!, ¡qué bien!, lo que hemos conseguido”. Pero ahora viene lo que les decía: que, en tan corto tiempo, después de haber conseguido purificar las aguas, hacerlas potables, comer más proteínas con sus correspondientes hidratos de carbono y grasas, y abrigarnos un poco más, y un poquito de limpieza –¡un poquito, un poquito!-, canalizar las aguas negras… con cuatro cositas, el trastornao mejora en cuanto a tiempo de permanencia. Y en ese corto periodo de tiempo en el que vamos a acotarlo, ahora lo que quiere la especie es acabar con ellos. ¡Je! Tiene gracia, ¿no?

O sea, hacemos un esfuerzo para que vivan los seres humanos, más, y cuando empiezan a vivir más… ¡claro!, hay que mantenerlos porque ya no producen tanto, y entonces son un estorbo. Y como decía el ministro japonés: “Muéranse, por favor, que es una tara para el Estado”. Lo hemos visto recientemente en las residencias, ¿no? Poner ejemplos más dramáticos que ésos… En este país. En los demás, pues parecido.

Es decir que, ahora, después de conseguir la longevidad, hay que acabar con ella, porque es un trastoque, un trastorno, un nuevo trastorno. Porque, claro, hay que cuidarlos, hay que atenderlos, porque determinadas funciones no pueden hacerlas…

¡Vaya, vaya, vaya, vaya!…

¿Está la especie trastornada, o no?

Es un ejemplo, es un ejemplo, es un ejemplo. Pero ya de entrada, de entrada, a partir de cierta fisionomía que puedas tener, cierto aspecto, ya te miran con cara de… trastornao completo. Sí. Y vas al oftalmólogo u oftalmóloga y te pregunta:

.- ¡Ah!, ¿pero usted todavía conduce?

.- Pues, sí: se mete el embrague, luego se mueve la palanca, entras en primera…; cuando ves que el coche se va a explotar, metes otra vez el embrague, metes la segunda…

No dio tiempo a explicarle todo eso, pero…

Antes se decía –en otro tiempo, claro, como todo va cambiando-: “Por sus actos, por sus obras los conoceréis”. Ahora no, ahora no. Las obras son… “sobras”. Las obras se convierten en “sobras”.

¡Ah!... O sea que sobra el obrar de tal o cual forma, para mejorar tal y cual situación.

¿Que hay varios millones que, entre este mes de Mayo –el mes de María- y el que viene, morirán de hambre y sed…? –por ejemplo; qué cosa, ¿no?-.

Dicen que es por el cambio climático. Fíjense el trastorno mental que hay –el lamento, ¿no?-. Y dicen que, claro, por el cambio climático no ha llovido; y como no ha llovido, pues no ha habido suficiente cosecha.

Pero además la culpa la tiene Putin porque, como ha habido la guerra, todo ha subido mucho. Entonces, esos pobres africanos no tienen dinero para pagar las semillas, para pagar los cereales, para comprar el agua… No. ¡Pues tendrán que morirse! Pero la culpa la tiene el cambio climático.

¡Ah!...

Resulta desolador. Sí, el trastorno se hace desolador.

“Hacer Nada”, o “empezar a hacer… de Nuevo”. Es dual.

No es novedad: la dualidad nos ha enfrentado.

Pero… –un “pero” favorable- pero el Sentido Orante nos reclama la fusión entre “todo está por hacer” –y plantearlo en nuestro hacer cotidiano- y “contar con la Nada”.

.- ¡Ah! ¡Qué bien! Pero ¿cómo cuentas con la Nada?

.- ¡Hombre!, pero si ya se dice que “Todo está por hacer”, es que “Nada está hecho”.

Buen juego de palabras, ¿eh?

“Hacer nada” implica… –y ya es conocido por el “instinto” (vamos a llamarlo así) taoísta- contemplar cómo son los aconteceres. No intervenir en lo que es propio de un proceso; o –podríamos decir- intervenir lo menos posible en la vida de los otros, por ejemplo.

Esa es una práctica de la Nada: intervengo lo menos posible en tu caminar. Puedo ir contigo, puedo acompañarte, podemos acompañarnos… Pero ¿intervenir? Ya significa modificar tu posición, tu actitud, tu desarrollo… ¡Ah! No. Eso queda para “el hacerlo todo nuevo, porque no hay nada hecho”.

Entonces, si empezamos a ir… –fíjense bien- si empezamos a ir sin intervenir en el otro, si empezamos a juntarnos, a transitar en comunión, en comunidad, sin herirnos, sin prejuiciarnos, sin prioridades de unos sobre otros, estaremos en condiciones… –fíjense cómo se juntan las dos cosas- estaremos en condiciones de hacer algo… nuevo. De lo que está todo por hacer.

¿Por qué? Muy fácil: porque, hasta ahora, todos se han metido en la vida de todos. Hasta ahora, el gobierno se ha metido en nuestra vida, la ley se ha metido en nuestra vida, mi padre se ha metido en mi vida, mi hermano se ha metido en mi vida, mi hermana, mi vecino… ¡todos! ¡Y nosotros –todos también, por supuesto- nos hemos metido en la vida del otro, del otro, del otro y del otro! Y merced a todo eso, somos un trastorno permanente.

Así que, si nos posicionamos en la no intervención, y bajo esa premisa planteamos el hacer… y simultáneamente no intervenimos y hacemos –“simultáneamente”-, se darán las posibilidades de ir desgastando el trastorno, y hacernos en verdad un “torno de referencia”, un algo que gira –como el derviche en trance-; un algo que está como el torno del alfarero, y que permite incrustar los dedos y modular un barro, hacerlo vasija, hacerlo estandarte, hacerlo un adorno.

En ese estar de la mente como lamento, y de emociones frágiles que se hacen tormento, el “no intervenir” y el “proponer innovaciones”, nos lleva a entrar en un equilibrio –por esa simultaneidad de actitudes- entre “Nada” y “Todo por hacer”.

Sería –por así decirlo- una propuesta cuántica: no, “esto o esto”, sino las dos cosas a la vez. Buscar la unicidad de ese “torno”.

Y en la Nada, y de Ella, el Misterio Creador se inspira para… crear. Simultáneamente es Nada y es Creación. ¿Ven? El modelo que ha sugerido la Oración es el “comportamiento” –entre comillas- que intuimos y nos revela el Sentido Orante.

De La Nada, el Misterio Creador crea. Pero es continuo. Igual que el Universo se expande y va creando nuevos espacios que antes no estaban.      

Sí. El Sentido Orante nos llama a replicar en la onda de lo Divino. Nos llama a actuar como lo que intuimos reveladoramente que es, en nuestra minúscula capacidad de entender, de saber. Es una inspiración para que el trastorno no nos lleve a la destrucción; y, en menor medida, al desánimo, al descrédito, a la tristeza, a la apatía, a la abulia, al desespero, a…

“Un plan sin plan”, si se fijan. Porque hemos dicho que, hasta ahora, ese trastorno se había mantenido y se había gestado en base a imposiciones, a poderes. Pero la Llamada Orante nos sugiere un plan sin plan. ¡No hay ningún poder!, porque estamos en la Nada. ¡Y no hay nada previamente hecho, porque está Todo por Hacer!

Y se puede decir, claro: “¿Y qué hacemos con lo hecho?”.

Ver –en lo hecho-, contemplar –en lo hecho-, cómo está diseñado para un “desecho”.

Esta diseñado para un “usar y tirar”, para seguir con la producción, para seguir con la ganancia y con el irrespeto.

Y en la medida en que contemplamos desde la Nada, sin intervenir, proponemos, porque sabemos dónde está el trastorno… de esta pequeña cosa, de aquélla, de la otra…

Y al contemplar el gasto y el estipendio –¡en general!- podemos plantearnos… “Nada”.

Y bajo ese epígrafe, añadir: “¿Y qué hacer?”. Y surgirá la propuesta nueva.

Y esto es aplicable a cualquier situación.

Es, en consecuencia, una Nada procreativa desde donde se obtiene algo: ese algo que es intangible, que es vehiculizable… No como si fuera otra entidad, es la misma, pero diversificada para entenderlo: el Misterio Creador.

¿Acaso no nos respeta, ese Misterio Creador, en nuestras acciones, en nuestros trastornos? Eso es “Nada”; “la Nada”.

Pero ¿acaso no es cierto, también, que aparece… milagrosamente, casualmente, circunstancialmente, y nos subyuga, nos alienta...?

Nos recrea diariamente. Nos hace nacer amorosamente. Nos renace.

“Todo por Hacer” desde “la Nada”, simultáneamente:

El modelo de Lo Eterno.

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