La Llamada Orante nos sitúa, nos trata de orientar a propósito de nuestra presencia en el Universo. Y como si fuera un embudo, desde lo más ancho, infinito, se precipitan sus señales, signos, muestras, en lo más estrecho de ese embudo, en cada ser; con lo cual tenemos toda la formación e información de nuestras “hechuras”, de nuestras maneras... universales. 

Pero cierto es que ocurre que, al concentrarse en diferentes espacios, tiempos, momentos, el ejercicio del hacer, del sentir, del pensar, se suele quedar concentrado en la demanda, en la arrogancia, en el aplauso, en la pena, en el éxito, en el fracaso –etcétera-, del lugar, del momento. 

Y tiene cierta lógica que así sea, para resaltar el análisis de nuestra presencia y descubrir nuestras dotes, nuestras realizaciones, nuestras sensibilidades y nuestras carencias; para que así podamos establecer vínculos de solidaria consistencia, que nos permitan ascender por ese embudo de nuestro ser, por esa esdrújula y sinuosa hélice que se mueve –una alegoría poética-.

Pero cierto es que lo más habitual es que el ser se quede ahí, en su gueto de razones, de explicaciones, de... como el “bamboleo” de la canción: un vacilar sin modificaciones, sin análisis, sin criterio, tan sólo con lo que la mayoría opine o el poderoso decrete. 

Y resulta que somos, cada uno de nosotros, singulares, únicos e irrepetibles. Y en cambio, a la hora de responder, de actuar, habitualmente se hacen respuestas comunes, nada singulares, nada originales... y menos aún universales. 

Todo esto no es peor ni mejor. La Llamada Orante nos pone en evidencia algo. 

Nos pone en evidencia el desarrollo preponderante de lo particular, sin ver la trascendencia que esa particularidad tiene. En cuyo caso, nuestra visión cambia. ¡Mucho! Nuestra sensibilidad cambia. ¡Mucho! Y un detalle sin importancia es trascendente, y un hecho importante no tiene ninguna trascendencia. Es una vulgaridad. Por ejemplo, ¿eh? 

No fue, no es –en la intemporalidad de lo infinito- no fue, no es, no será –para entendernos-, el Misterio Creador, una manifestación inteligente. Eso se nos antoja, orantemente, que es una característica muy, muy, muy, muy, muy, muy secundaria. La cual nosotros apreciamos como muy, muy, muy, muy importante. 

Algo ha pasado en la línea de transmisión para que, la preponderancia de la inteligencia, del saber, del conocer, y ese largo etcétera de poderes, se instale como “las verdades”. 

La Llamada Orante nos orienta a que la pizca –”pizca”, ¿eh?- de intuición que podemos tener a propósito del Misterio Creador, es que es una explosión de Amor, constante. En consecuencia, nada inteligente. 

Esto va a ser especialmente significativo, porque los sentires ocupan un espacio, tiempo, momento, que poco a poco va siendo cada vez menor, porque la inteligencia –ahora que estamos además con el boom de la inteligencia artificial: un verdadero boom-... 

Se nos hace inútil, poco práctico –desde la óptica orante-, poco beneficioso, ¡poco rentable!, el sentir. 

Y si uno tiene afecto por el amanecer, siempre habrá algún práctico que dirá: “¡Qué obsesión con el amanecer! ¿Por qué no te levantas a las doce y te olvidas del amanecer? ¡Qué poco inteligente! Una persona inteligente no, no, no, no, no se levanta para ver el amanecer. ¡Eso pasa todos los días! ¡Hay que ser prácticos!”.

 Por ejemplo. 

Si la pizca –esa pizca tan... tan pizca- nos dice que es una explosión –como las que están ocurriendo ahora en el sol-... una explosión incontrolable de Amor, y ello da origen a todo... Entre ello, esa otra pizca que es lo viviente, la vida. Que nos parece y sentimos que es lo más maravilloso que existe en el Universo. ¿Seguro? 

¿En el Universo? ¿Seguro? 

¡No! No tenemos la seguridad. Pero sí es un hecho –hasta donde alcanza nuestra ignorancia- original, insólito, sorprendente. 

Y he aquí –a consecuencia de todo lo manifestado- que sentires de arraigo, sentires de emoción... deben ir a buen recaudo. Hay que cuidarlos. Son esas vibraciones que sintonizan con nuestro origen, con nuestro mantenedor, con la inspiración de la originalidad de la vida. 

Sí. Porque la trayectoria de la especie ha recalado en sus potencias, en sus practicidades, en sus inteligencias –como decíamos-, y razona, especula, calcula... 

“Razona, especula, calcula”... 

Y ahí, como que no cabe ni media sonrisa. 

Hay que aguardar el momento de intimidad para atreverse a emitir una lágrima o una queja. Una queja sin castigo, sin culpas, pero una queja; que, en la medida en que se amplifica, se cicatriza de inmediato. 

Así que... toca, toca moverse entre esa practicidad inteligente y ese intimismo amoroso que, según la manifestación orante, es de naturaleza explosivamente amorosa. 

Por supuesto, muy, muy, muy, muy, muy... No hay medidas y no hay comparación con lo que nosotros podemos percibir o sentir que es amar. Pero sí, sí, sí, sí, que ese sentir procede, se mantiene, se entretiene, se desarrolla y evoluciona en base a esa inabordable fuente. 

Así que cuando nos condolemos, nos dolemos, además de buscar consuelo... 

¡Tan difícil! Porque a veces, cuando nos condolemos, nos animan como a los perritos: “¡Venga, venga, venga, venga! ¡Que no pasa nada, que no pasa nada, que no pasa nada!”. 

¡Sí, sí pasa algo! Estamos dolidos, estamos tristes, estamos… 

Quizás con el perrito funcione, pero con una condolencia, no. Buscamos... –en esa condolencia- buscamos auxilio, buscamos caricia y ternura. 

¡No buscamos directrices nuevas que nos lleven a salir o a entrar de otro estado a otro estado de consciencia! ¡No! Pero, claro, la inteligencia enseguida va a lo práctico, y te pueden dar una pastilla para regular la serotonina y que así estés más contento, y ya se te pase el enfado, el malestar, el condolido momento. 

¿Acaso cuando el niño tropieza y cae, y toma consciencia de sus rodillas, le decimos: “¡No te preocupes! ¡Si dentro de 26 años serás ingeniero y tendrás a tu cargo 200 empleados! ¡Qué tontería, ahora, molestarse por una rodilla!”

¿Solemos decir eso? ¿O más bien nos inclinamos a decir: “Curita sana, curita sana, culito de rana, lo que no sana hoy, sanará mañana”? Y cogemos un poquito de saliva y le suavizamos... Y a la vez, sí, le animamos a que preste la atención a otra cosa, o a que lo vuelva a intentar con más cuidado. 

¡No le vamos a decir!: “¡No te preocupes!, si... ¡Tonterías! Mañana se te habrá olvidado”

Ya, ¡pero no estoy en mañana! Estoy en ¡ahora!

Pues sí: la inteligencia es tan práctica, tan rentable, tan urgente, tan demandante, tan exigente, que no permite ninguna debilidad. Y la condolencia es... ¡débil! ¡No produce! ¡No es rentable! 

Ese punto sensiblero que a veces, como chispa de lo Eterno, aparece, y nos entristece y nos ¡conmueve!... 

.- ¡No, no, no! Es un signo de debilidad. 

.- Ah, ¿sí? 

.- Sí. Así no se va a ninguna parte. 

.- ¡Ah! Justo es lo que yo quería: ir a ninguna parte. 

Ahí habrá que emplear otro método, claro. 

La máxima inteligente termina diciendo: “No te permitas ningún momento de sensible emoción, que puede interpretarse como debilidad. Acabarán contigo”.

Porque solo predomina el imperturbable, el indomable, el constante, el... 

a ese respetarás. A ese que se impone, ¡que impone! A ese rendirás culto, porque tiene, porque posee, porque domina, porque te domina

Y es así que lo sensible se hace caricatura; se hace... pena. 

Y, como pena, no merece la pena. 

¿Habrá que saber guardar la esperanza? La esperanza emocional, la esperanza que fantasea, la esperanza enamorada que... por momentos llora y se desespera, pero es flexible, dúctil, adaptable, emocionante.

Habrá que saber guardarla. 

Porque el entorno práctico exige ¡contundencia!, ¡resultados! 

Habrá que hablar bajito... para expresar una emoción. No vaya a ser que alguien la escuche, y ponga cara de traición... al comprobar que eso no es inteligente, y no es de debida razón. 

¡Oh!, ¡sí, sí, sí, sí! ¡Todo!, todo lo orante es exagerado. ¡Claro! 

Y si escuchamos lo orante con nuestra inteligente razón, nuestra lógica, nuestra comprensión y nuestro entendimiento, lo que escuchamos es ¡una exageración descomunal! 

Pero es que es lo que emana del Misterio Creador. 

Y con mucha, mucha, mucha, mucha, mucha e infinita contención, muestra algo que nos resulta, en nuestro dominio y nuestro control, nos resulta exagerado. 

¡Qué exageración! 

“¡Oh, sí!” –habría que contestar-. “Ciertamente es exagerado vivir; que exista la vida en un lugar como una galaxia, como un sistema, como un infinito... Es ¡exagerado!

¡Es exagerado que las tres cuartas partes de este lugar llamado “planeta” sean agua! ¡Qué exageración! 

¡Tantas especies, tanta biodiversidad!, ¡qué exageración!”.

Claro, cuando se pretende controlar, dominar y administrar, hay que reducir todo a lo práctico y a lo… a lo que se puede atender. Todo lo que se salga de eso es exagerado. 

Y cualquier versión que hagamos bajo la óptica del poder organizado es “exagerado”.

Si decimos que la conquista de América fue “una conquista” –no un descubrimiento-, una conquista insolente...

“¡Qué exageración! ¡Qué exageración! Gracias a ella muchos indios aprendieron español. Gracias a ella conocieron el caballo y… la tónica Schweppes”. Por ejemplo.

Y ya está. 

Y si decimos: “El predominio de lo masculino ha mutilado, seccionado y reprimido las instancias femeninas”

.- ¡Qué exageración! ¡Toda la culpa se la echan a los hombres! ¡Qué exageración! 

.- Vale... 

.- ¡Habrá alguien que habrá...! ¡Pero noooo! Si mi madre era una santa, y mi padre también... 

¡Qué curioso! Todos tienen madres santas y padres santísimos. Salvo cuando se habla en intimidad, que hay algunas cosillas que no cuadran, ¿verdad? 

Sí. Así ocurre que, cuando la sensibilidad se universaliza, rápidamente aparece el dominio, el control y el poder para restringir lo universal, ridiculizarlo incluso, y tomar el control de lo que pasa y lo que ocurre y… –“la culpa la tienen los emigrantes”, “la culpa la tiene el cambio climático”- y buscar reducir al máximo cualquier visión trascendente, amplificada, ¡sentida!, ¡¡evidenciable!! 

Y como cada uno puede opinar lo que quiera, cada uno se siente feliz y contento de opinar lo que quiere, aunque no sepa absolutamente nada de lo que opina. 

.- ¡Guau! ¿Cómo se puede opinar de algo que no se sabe? 

.- ¡Ah! Vete a España y lo verás. ¡Fantástico! No necesitan mucho para opinar, decir, por supuesto criticar y etcétera. ¡No!, no necesitan mucho. Con leer tres o cuatro editoriales –el título, ¿eh?, nada más- tienen suficiente para saber, opinar... 

.- ¡Qué bárbaro! 

.- Sí, España es un sitio bueno para descubrir eso, pero ocurre en todas partes. 

Cualquier muestra exagerada y trascendente –y, al ser trascendente, es exagerada para el dominio y el control, la opinión y la manipulación- va a encontrarse con esa verja; con esa verja que enreda, que cerca, que exige. 

En definitiva, molesta el sentir, molesta el amar. Molesta, molesta. Se hace molesto, porque se escapa del control. ¡Guau! Sí, se escapa. ¡Se escapa del dominio! Se escapa de “la común razón”: de ese sentido común, que no es sentido realmente, y no es común. Pero se esgrime para, razonablemente, mantener un punto de vista. 

Y así, cada cual esgrime su “yo creo”, “yo creo”, “yo creo”, “yo creo”, y no hay coordenadas de referencia, salvo las que cada uno tenga de sí mismo. 

¡Ay, qué pena! 

Se hace así, el ser, un hedonista masturbador, continuado, de sus propias referencias. Termina agotado y aburrido de sí mismo. 

Por supuesto, esto no es instantáneo, lleva su tiempo. 

Pero la Llamada Orante nos orienta para que nos demos cuenta, para que evaluemos nuestra permanencia, nuestras actitudes y nuestras posiciones. 

¿Saben? Se considera que uno de los principales martirios a los que se puede someter a un ser humano es no dejarle dormir. Que se duerma, y a los diez minutos se le despierta. Luego se vuelve a dormir, y a las dos horas se despierta. 

Poco a poco, así, conseguimos enloquecerlo. 

¿Saben? Se produce un deterioro orgánico, general. Y, sobre todo, una degeneración cerebral. 

Es curioso, ¿no? Sólo perturbando su sueño. 

Quizás no sea difícil incorporar esta circunstancia, en forma esquiva, para lo que lo orante nos muestra, exageradamente, hoy.

***

PRAYER

The prayer we practice does not belong to any religion. We believe prayer can be a liberating and healing instrument. It is referenced in Creation and, without naming them, in the different Forces that animate us. Our belief that prayer is an essential element, led us to create a space dedicated exclusively to prayer: “The House of the Sound of Light” located in a farmhouse in the Basque Country, in the province of Vizcaya. There, prayer encounters and retreats are held.

LA CASA DEL SONIDO DE LA LUZ

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“La Casa del Sonido de la Luz” ARGI DOINU ETXEA se encuentra en la localidad de Ea, Vizcaya. Un espacio abierto para los alumnos de la Escuela Neijing, los cuales pueden realizar estancias de 1 a 5 días.
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