Orar implica una escucha sentida… 

Conlleva una actitud decidida… 

Supone una versión personal de ética, estética, belleza, amor. 

Orar es hacerse digno de la Creación, a través de verse, corregirse, variarse, flexibilizarse, disponerse…

Orar es asumirse, incorporarse al Misterio Creador, sentirse en Él, de Él, por Él y hacia Él. Sentirse en Él, por Él y hacia Él, sin que ello suponga ningún punto de estructura, de forma, de esculpida presencia.

Incorporar el Misterio, haciéndose cómplice de lo imprevisto, de lo inesperado, de lo descubierto, de lo creativo. 

Orar es Misterio de Amor permanente. Nos emociona. Nos conmociona. 

Nos descubrimos en un Infinito, en un Eterno.

No hay dueños, no hay jerarquías, no hay poderes. Hay muestras, hay pinceladas de color, de sonidos, de idas y venidas.

Hay creación continua. Cada latido es una creación. Nos crean y nos recrean permanentemente.

Y con ello nos sentimos unidad, integrados entre las nubes, los vientos, las arenas, los reptiles, las aves, los peces… Esa versatilidad aparentemente dispersa, pero integrativamente de un solo sonido.

Ahí… Hay… ¡Ay!...

“Ahí, hay, ¡ay!”. Tonos unitarios que indican dónde estamos: ahí; que nos muestran lo que hay –que nos muestran lo que hay-; y que nos asombran: ¡ay!

Ahí. Hay. ¡Ay! 

Y todo ello, que parece inabordable –orar-, se expresa sin decirse –como ahora- en cada Llamada Orante. 

Cada Llamada Orante lleva este mensaje de lo que vibra al orar, de lo que supone orar. 

Y al ser conscientes de ello, cada oración, cada llamada hacia un sentido u otro, está teñida de lo que es orar. 

A través de historias, se han ido estableciendo, en diferentes lugares de la humanidad, patrones, esquemas, bloques de identidad, adornados con creencias, costumbres, normas, leyes. 

Y en cada época, la humanidad ha ido proclamando qué es, quién es, qué hace, a dónde va. 

Y cada intento –sí, intento- se hace final. Se expande y se domina y se debilita y se corrompe y…

Y terminamos viendo ruinas romanas por todos los rincones –por ejemplo-. 

Sin duda, la vanidad, la soberbia, el poder, han fracasado como estrategia para “hablar de nosotros”; para que sepamos quiénes somos, por qué estamos, qué hacemos, a dónde vamos. 

Y los imperios fueron dejando sus despojos. Y los siguientes de nuevo lo intentaron, cuidando ruinas y gestando… ¿nuevas? No. Las mismas, pero con diferente matiz, con diferente aspecto. 

¡Ay! Y se contemplan las pirámides –las más afamadas, como las egipcias- rodeadas de un emporio de pasados poderes y… ¿Y qué fue de ello? ¿Qué fue de sus verdades? ¿Qué es ahora? Un manantial turístico de fotos, de interpretaciones…; de poblaciones sometidas, ignorantes, mediocres, que sobreviven en el fragor del roce áspero y herido.

Y pareciera que estas humanidades nunca llegaron a gustarse, nunca llegaron a quererse y menos aún a amarse. Y se suicidaron… corrompiéndose en disputas y vanidades que disgregaron, separaron, rompieron….

Y es así que ahora, al contemplar orantemente nuestra humanidad, sólo nos queda un suspiro. Sí; un suspiro, porque todo lo acontecido no ha tenido sentido, no ha sido capaz de definirnos, aclararnos, descubrirnos, aprendernos, sintonizarnos, congeniarnos. 

No obstante, se intenta de nuevo. Y “nuevos” –entre comillas; poco nuevos- intentos de hegemonías, poderes, surgen ahora con el fragor de la prisa, de la ganancia, del triunfo… Una fábrica de usar y tirar la vida. Una fábrica de desencantos, de rabias y empoderamientos continuados. 

Ese es el nuevo imperio sobre el que pretende definirse la especie, la humanidad… dejando regueros de hambre, de enfermedades, de guerras, de promesas in-sentidas, incumplidas por supuesto; un reguero de divorcios en los afectos, en los juramentos, en las promesas…

Ese es el nuevo orden. El nuevo orden “bivalvo” entre riquezas y pobrezas, con escaramuzas entremedias. ¡Ay!... Un bocadillo indigesto.

Ricos… pobres… como dos rebanadas de pan, y relleno de quereres, de intentos, de leyes y escaramuzas, intentando trepar mientras otros caen. 

Un relleno, un relleno contaminado al que, en global, la humanidad acude para alimentarse, mientras habla de salud, de logros, de bienestar, de progreso…

Mientras todo eso ocurre, se nos filtra en esta versión una pequeña noticia que dice como titular: “Cuidado con los carritos de la compra” –esos que llevan las amas de casa, que parecen inocentes-. Y como una nota de esquina más, se cuela en los periódicos de verano. Hasta que caemos en el título, y, como una curiosa necesidad, vamos a informarnos, y nos llevan a una ciudad de santos: San Sebastián. ¡Oh! El paseo, el turismo, la belleza de sus playas, el fervor de su alimento, las tabernas…

Y he aquí que, unas ya maduras mujeres, van con un carrito de la compra, y en un determinado momento se paran, y acuden allí tres, cuatro, cinco jóvenes. Y la venerable mujer saca, del carrito de la compra, tres, cuatro, cinco bocadillos envueltos en papel de plata para que conserven el calor. Los jóvenes lo cogen y se van. Pero mientras ellos se van acude la policía –sí, señores: la mismísima policía- para demandar a la anciana qué hace. La anciana, ya curtida en dictaduras, democracias y terrorismo, contesta:

.- Dar bocadillos a los que no tienen para comer. No quiero que en mi ciudad alguien pase hambre.

.- ¡Está prohibido! –dice la policía-. 

.- ¿Cuál es el delito? –pregunta la mujer-. 

Y contesta el policía:

.-  Invasión del terreno urbano.

Órdenes de la alcaldía de una ciudad con el nombre de un santo, que condena dar un bocadillo a un hambriento. Eso sí: son progresistas y… y otras cosas. 

Mientras, ahí cercano aparece otro carrito, ¡y otro! Y claro, los hambrientos se alejan –la policía puede más- mientras la mujer se marcha cabizbaja con una derrota más.

No obstante, se levanta y: “da de comer al hambriento”, recuerda. Y recurre al clero, a la iglesia –así constaba en el artículo-, y la autoridad eclesial responde que… que nada puede hacer: ése es un problema social. Se abstiene, como Pilatos. 

Y ahí termina el recorte; ahí termina la breve historia: sin opinión; simplemente descripción de unas mujeres a las que se les hacía muy duro que alguien, en su ciudad, pasara hambre. Y de sus recursos, se dispusieron a ayudar. 

Es un detalle –sí, seguramente- sin importancia. Un detalle más. Pero que adorna… –“adorna”- la naturaleza del nuevo orden imperial; de esos que gritan libertades, de esos que claman riquezas, de esos que tibiamente se insinúan como religiones.

Ahí hay un deterioro. Ahí hay un… dolor.

¿Será que es preciso revolverse por dentro –¡por dentro!- para salirse de esa espiral envolvente que repite y repite y repite, dejando ruinas y ruinas y ruinas? 

¿No hay ya suficientes ejemplos?

¿Será que realmente está todo por hacer? 

¿Será que las estructuras mentales, afectivas, espirituales, físicas, inteligentes… no están donde deberían estar, como deberían estar, de la forma anímica existencial de creación, de eternidad? ¿Será eso?

¿Será que nos debemos inventar de nuevo? 

Descubrir, en ese halo permanente de oración que nos envuelve, de qué estamos hechos, ¡de qué se vanagloria cada uno!, y qué defiende y qué ataca. 

Sacudirse tanto y tanto prejuicio, tanto y tanta frase hecha. 

Animarse hacia el nuevo vocabulario: ese que no tiene reversa, ese que no tiene sentido doble, triple, sino que es canto de pájaros… inimitable. “Inimitable”. 

¿Seríamos tan certeros para expresar sin dañar, sin llevar el doble sentido, sin pretender permanentemente cambiar a aquél, al otro, al otro… bajo el dominio de la posición que cada cual ocupe?

Es momento de airear, de revisar, de quitar las ruinas que nos inciden una y otra vez. 

No somos todavía capaces de decirle adiós al derecho romano, a Sócrates, a Aristóteles, a Platón… Siguen ahí como reliquias de hierro viejo herrumbroso. 

Y se siguen recogiendo y mostrando como la verdad eterna que estaba ahí ¡y se abandonó!… cuando fue la que gestó todo el complot del hedonismo y el supremacismo humano.

No, a la herrumbre. No, al condicionamiento. No, a la costumbre. No, a la obligación, No, a lo intocable.

Sí reclamar nuestra sensibilidad, nuestra emoción, nuestra ilusión, nuestra fantasía, nuestra… inversión: invertir en nuestros proyectos. En los verdaderamente novedosos aportes.

Que no sean residuos de reliquias conocidas. 

Que tengan la frescura de un nuevo amanecer.

Ahí… Hay… ¡Ay!...

***

PRAYER

The prayer we practice does not belong to any religion. We believe prayer can be a liberating and healing instrument. It is referenced in Creation and, without naming them, in the different Forces that animate us. Our belief that prayer is an essential element, led us to create a space dedicated exclusively to prayer: “The House of the Sound of Light” located in a farmhouse in the Basque Country, in the province of Vizcaya. There, prayer encounters and retreats are held.

LA CASA DEL SONIDO DE LA LUZ

LA CASA DEL SONIDO DE LA LUZ
“La Casa del Sonido de la Luz” ARGI DOINU ETXEA se encuentra en la localidad de Ea, Vizcaya. Un espacio abierto para los alumnos de la Escuela Neijing, los cuales pueden realizar estancias de 1 a 5 días.
TIAN

TIAN

Main centre of Neijing School
RADIO AND TV

RADIO AND TV

Our communication channel
FEMININE INSPIRATION

FEMININE INSPIRATION

Feminine Inspiration Association
HEADQUARTERS

HEADQUARTERS

Neijing Schools in the world