Cada ser es una proyección admirable, desde lo Eterno

 

Y la vida se configura de una manera extraordinaria… de tal dimensión, que cada ser conserva la percepción de su visión, de su sensación, de su particularidad, de su individualidad, en el complejo y biodiverso… vivir.

Y a la vez, todos… y cada uno, de una forma o de otra, depende de la actividad, de la acción, de la producción… de otro.

Simultáneamente, lo común y lo individual se ejercitan…

Y cuando esto realmente ocurre de una manera “equilibrada”, el vivir se hace gozoso, vibrante, novedoso… y un largo número de palabras… preciosas.

Mas ocurre que, en el transcurrir de la vida, lo propio, lo individual, se ejercita de una manera desproporcionada… y abusa de los recursos colectivos. Y es entonces cuando el desequilibrio acontece, y el temor, el miedo, la inseguridad, la violencia… aparecen inevitablemente.

O sea que podemos saber cómo, de qué forma… es posible convivir gozosamente… aunque, a la hora de ejercitarse, esto no ocurra.

Es tal el entusiasmo personal hacia sí mismos, que desarrollan los seres, que resulta –a pesar de que se demuestre que precisa de lo común, de lo colectivo- que se crea la consciencia de privilegio, de importancia personal, de destino…

La Llamada Orante nos convoca más allá de lo individual y lo colectivo. Nos habla de la unidad. Nos reclama la unicidad del ser con todo lo creado.

Nos ¡reclama!… y nos demanda cuando estamos en posiciones de privilegio, de mando, de [1]“verdad”.

Desde el Misterio Creador se emana y emana… trascendentemente… el acontecer llamado “vida”. Y este acontecer se hace en base a… el Misterio Creador.

En consecuencia, en vida, con vida, viviendo, estamos realizando un proceso de Creación, sin duda insólito, y que vas más allá de… –mucho más allá- de lo individual y lo común o lo colectivo. Pero que se expresa y se representa de esa forma.

¡Hay que fijarse bien y darse cuenta!… de que el Crear no es un proceso destinado a… el deterioro, la ruptura, la desaparición. Es un proceso destinado a evolucionar; lo que llamamos “evolucionar”, que son cambios de consciencia que nos llevan a realizaciones diversas, a búsquedas significativas, a descubrimientos llamativos.

Por todo ello, la vida es un acontecer que, por su origen, está destinada a permanecer de muy diversas formas y maneras.

Y que un escalón –un, un pequeño escalón-… para esa permanencia y evolución y transformación, está en saber equilibrar lo individual y lo común.

Y se ha llegado a esa dualidad, por la especial decisión de lo Innombrable. Una dualidad que no está destinada a combatir. Que su objetivo es la supervivencia.

Y en este aspecto, cada vez que alguien se sienta egolátricamente “razonable”… debe considerar “sus verdades”, con la suficiente subjetividad como para darse cuenta de la necesidad de los otros.

 

Nos necesitamos.

Y para ello, puesto que está lo individual, precisamos “ad-mirarnos”: un ejercicio… importante, puesto que degrada el hedonismo autoritario, al reconocer y admirar, en el entorno, lo que precisamos, lo que necesitamos.

Y, sí, ocurre que… que unas personas admiran a otras, o admiran a árboles, a piedras, a… a cualquier manifestación creadora.

Se las admira, pero… bajo la óptica individual, que asume el derecho a ser servida; busca la recompensa a propósito de la admiración.

Y esto es lo que “inhabilita”… una admiración compensadora de la auto-admiración.

Realmente, desde el Misterio Creador, se nos transmite esa posibilidad admirable, para dar un salto cuántico… desde la dualidad a la Unicidad. A la Unicidad que implica la consciencia de estar unido a la Creación; la consciencia de estar filiado al Misterio; la consciencia de ser… cuidado, orientado y referenciado por ello.

Y para que todo ello se pueda ir dando, necesitamos que nuestra admiración tenga… un matiz de Amor.

Igual que nos amamos a nosotros mismos, y somos producto de un Amor de Misterio, para entrar en sintonía en lo común, debemos admirar con Amor.

Para ello, la humildad y la sumisión a la Creación se deben ejercitar. Y así darnos cuenta –en la medida en que admiramos- de que también nos enamoramos… en todos los infinitos niveles de Amor que se puedan realizar; que se deban realizar.

Y es tan infinita la bondad de recursos de la Creación, que… por admirar o por amar al entorno, no vamos a dejar de apreciarnos a nosotros mismos. Porque otros, además, nos admirarán…

Nos… nos… nos han considerado admirables, desde el Misterio Creador, razón por la cual estamos aquí. Y si nos admiran por nuestras capacidades –en realidad, por el hacer por el que hemos venido-… nos admiran, desde el infinito Creador, para que descubramos nuestro sentido, para que aprendamos… a servir para lo que hemos venido, para lo que nos han traído.

Si no fuera por esa admiración… no existiríamos.

Seguir, en actitud ¡diaria!, ese acontecer de sentirnos admirados, de admirarnos, de admirar a nuestro derredor… es una posición que nos hace descubrir, continuamente, nuevas y diferentes posibilidades.

Disponerse orantemente a entrar a la Divina Presencia…: la que nos gesta, la que nos cuida, la que nos mantiene, la que nos promueve.

Somos una expresión de ese Misterio.

Cada uno, en sí mismo, no es “algo”.

En sí mismo, no existe.

Así que cada ser es una proyección admirable, desde lo Eterno. Y bajo esa perspectiva debemos palpitar, debemos suspirar. Y cualquier semejante es una expresión como la nuestra… a la cual debemos respeto, cuidado, atención.

Hagamos la conjunción prometida de lo individual, lo común y lo primigenio.

Reconozcamos nuestra lejanía del origen.

Y reconozcamos que, para acercarnos a él, debemos fundirnos con todo lo que se ha creado.

Consciencia de fusión, de inmersión… en ¡lo admirable!, en ¡lo admirado!

La complacencia del ser por la consciencia de Vivir.

***

 

[1] De “posesión de la verdad”

Imprimir