Una Nueva Bondad. Todo lo que te va a pasar es bueno

 

Y, al llamarnos, no nos reclaman ganancias por escuchar. 

Y, sí: habitualmente ocurre que las escuchas buscan conocer, saber, aprender…; sacar algún beneficio.

Y así es conocido el rezo: como plegarias que buscan ayuda, ganancia, logros, que se hacen difíciles en el cotidiano actuar. 

Seguramente, podría decirse que es una de las peores lacras que tienen los orantes, porque parten del principio humano de... alguien que tiene, que puede y que da.

Y al tildarlo de “lacra”, que pudiera parecer un insulto, no es con esa intención. Es con la motivación de darnos cuenta de que, cuando nos llaman a orar, cuando nos disponemos a orar, no lo hacemos ante un igual, no lo hacemos ante un portentoso, grandioso y poderoso –cualidades que, a lo largo de la historia, el hombre ha ido atribuyendo a lo desconocido-. 

Y lacra como “lacre”: dícese de aquel sello que cierra, que asegura que el contenido del mensaje, de la carta, está asegurado.

Al “deshumanizar” al Misterio Creador, cualquier petición, cualquier búsqueda de ganancia, es una torpeza que nos aleja de la verdadera dimensión de una vivencia amplificada de nuestra presencia en el Universo. 

Y ciertamente se comprueba, en lo cotidiano, cómo cada ser en dificultad se pregunta, inquiere, reclama... justicia divina sobre su proceder, sobre su vivencia, sobre sus dolencias, sobre…

Es así que el sentir suele oscilar entre admiración y rabia. Cuando los aconteceres son favorables, se admira; cuando no, se repudian. 

Aún se conserva y permanece la idea de que el reclamo hacia lo divino trae frutos y beneficios. 

Sí. Es alguien que anda por ahí despistado y que, si le reclamas adecuadamente, depara en ti y te da los beneficios que precises. 

Eso está ahí –aunque intelectualmente no se asuma-, está ahí como una necesaria actividad de la vida. 

Podría hasta decirse: “¿De verdad, de verdad quieres más de lo que ya eres? ¿Más? ¿Quieres sobresalir sobre otros? ¿Quieres prevalecer en poder y en dominio?”

Aún no se es consciente de los dones que, el hecho de existir, suponen en la Creación. Y cada cual, a su manera, pide más y mejor.

Al acudir a la Llamada Orante –en consecuencia-, nuestra escucha no supone un reclamo. Supone un descubrir. Supone un atender. Supone un apercibirse del detalle de cada circunstancia del vivir.

En actitud, la disposición orante ha de ser vacía, clara, transparente; en actitud de sensibilizarse... sin saber a qué. 

El saber los planes divinos es absolutamente inútil; si bien, en la medida en que el ser se diviniza a sí mismo, se egolatriza, es capaz de describir los aconteceres propios y ajenos, de esos que se dice que “están escritos”. 

Hoy, incluso, los mejores escribanos de nuestro código genético saben que las variables cambiables, mutables... –y demás “amables” sorpresas- son inabordables. Eso, por ver una parte a la que se le da el valor de “¡el código!”. 

Pero, sí. El ser ha tentado permanentemente a la Creación. Y se atreve a leer los designios, los futuros y los planes que lo divino tiene previstos para éste, aquél, el otro...

Y ¡claro!, ¡claro que con “X” frecuencia se atina! ¡Claro! Es como decir:

.- Al final de la jornada... –no sé, presagio- presagio que al final de la jornada estarás cansado y tendrás sueño. 

.- Vale, gracias.

 Algo así. 

Y curiosamente –para redondear este apartado-, la idea del Misterio Creador siempre es la del fustigador, la del castigador, la del amenazante, la del que te juzga, te condena. No la del proveedor, la del generador, la del bondadoso, la del clemente, la del misericordioso. No, esa no la dicen los posos del café, ni la quiromancia, ni la cartomancia... No. El destino suele estar teñido de terror, horror, drama, tragedia. 

Y como todo eso está ahí como inconsciente colectivo, sí podríamos… ¡si tanto se dice que Dios es Amor! –y ya lo dijeron los Beatles, que lo que necesitamos es amor-, pues hay, hay mucho. Lo que ocurre es que se emplea mucho sucedáneo.

Pero, al detalle que íbamos. Cuando evoquen… –porque se da el caso, ¿verdad?; sí, se da el caso de ‘premonicionar’-, recuerden simplemente: “la vida es maravillosa”. Y ya está. Todo lo que te va a pasar es bueno. ¡Todo! 

La Bondad Superior no es intransigente. Todo lo que te va a pasar es bueno

.- Pero ¿alguna cosa en especial, así...?

.- No. A lo mejor no te toca la lotería nunca. No. A lo mejor nunca tendrás millones, ¿verdad? Pero, te ocurra lo que te ocurra, es bondad. 

.- Y ¿cómo me irá el amor?

.- Si amas y no esperas renta ni beneficio, ¡bien! 

.- ¿Seguro? 

.- Seguro. 

.- Pero eso, lo ve usted ¿en dónde? 

.- ¡En todo! Las nubes, el café…

Pero esto normalmente no se escucha, ¿verdad? Nos avisan del divorcio, de la separación, de la enfermedad, del tumor, del accidente... Y está bien un puntito de atención, un puntito de alerta. Bien. Hasta ahí. 

Pero si el punto orante es... esa Nueva Bondad que descubrimos en los tiempos en los que transcurrimos...

Y le decimos “Nueva”, no porque haya cambiado de Bondad el Misterio Creador, sino porque nos estamos dando cuenta de ella. “Y le decimos ‘Nueva’, no porque haya cambiado de bondad, el Misterio Creador, sino porque, dadas las circunstancias, nos estamos dando cuenta de ella, y por eso decimos ‘Nueva’”.

Y enseguida, claro, surge la pregunta:

.- ¿Y qué hacer cuando viene “lo malo”? 

.- ¿”Lo malo”? ¿Eso qué es? 

¿Hay algo “malo” en la oración? ¿Hay algo “malo” en la vida? 

Que hagamos algo que perturbe la estancia no significa que exista esa particularidad. Aún en las peores circunstancias. 

Cierto es que tenemos que... –¡claro!- limitarnos, para cuestiones de estancia, convivencia... ¡Ya! Sí. Pero, por encima de eso –y es el sentido de la Llamada Orante de ahora-, es que cualquier acontecer –y cuesta trabajo el asumirlo- es Bondad. 

De inmediato surge la protesta razonable, lógica y sensata... 

¡Huy! ¡Qué palabras más feas!… –bueno, no hay palabras feas; pero qué feas, ¿no?-. Y que dicen: “Bueno, pero ¿y si pasa esto, y si pasa aquello, y si pasa lo otro?”

El refrán de “no hay mal que por bien no venga” no está mal. No está mal. Porque nos abre una pequeña ventana ante lo que podamos considerar negativo, malo, pernicioso, peligroso. 

Y si estamos en el magma de la Bondad, y si no vamos a por la renta y el beneficio, si no vamos demandando privilegios, si no exigimos garantías, sino que nos disponemos a la complacencia... a la complacencia de la bondad de vivir, desarrollaremos la naturaleza de la adaptación complaciente, la naturaleza de esa Bondad Superior Nueva, la naturaleza de esa entrega incondicional, la naturaleza de ese servicio gratificante, la naturaleza de ese dispuesto –del disponible-, la naturaleza de sabernos permanentemente creados, diariamente distintos. 

Renunciar, como exigencia, a entender, comprender, saber, controlar, dominar. Que eso se suele exigir. 

.- ¡Es que no entiendo por qué a mí me pasa esto!

.- ¡Ah!, ¿no?

Cuando la frase es ésa, el comienzo es... ¡pésimo!: “No entiendo por qué a mí me pasa eso”

“Pasa”. Lo de “a mí” sobra. 

¡Ah! Voilà, voilà, voilà!... Cuando la importancia personal, cuando las vivencias se restringen al dominio, al saber, al conocer, el nivel de flexibilidad, el nivel de adaptación, el nivel de convivencia es muy deficiente. Y siempre chocará; siempre insatisfecho; siempre protestará. 

Y la vida no es una protesta ni una queja permanente. 

Es una sorpresa continua.

Un descubrir... un descubrir itinerante que, con actitud despejada, sin prejuicios y sin condiciones, nos permite ir descubriendo... y darnos cuenta de que nos llevan, de a dónde nos llevan. Y entrar en ese permanente y agradecido estar.

Orar sin renta, con la certeza de la Bondad Permanente. 

Orar sin entender, con la consciencia abierta... en transparencia. 

Cuando el amor, ¡cuando el amar despierta!, hacerse eco de sus mareas, de sus corrientes, de sus inagotables recursos.

***

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La Oración que realizamos es una Oración que no está circunscrita a ninguna religión. Creemos que la Oración puede ser un instrumento Liberador y Sanador. Y tiene como referencia a la Creación, a las diferentes Fuerzas que nos animan sin entrar en ponerle un nombre u otro. La creencia de que la Oración es un elemento indispensable para nosotros, nos llevó a crear un espacio dedicado exclusivamente a la oración: “La Casa del Sonido de la Luz”, un lugar situado en el País Vasco , en Vizcaya, en la estructura de un caserío. Allí se realizan encuentros orantes y jornadas de retiro.

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