Consciencias secuestradas y carcelarias

 

Cada color, sabor y olor, tienen su agrado según cultura, costumbres, consciencias...

Podría decirse también que, cada situación, cada vivencia… no está sujeta a una única interpretación… sino que, más bien, cada interpretación es producto de un secuestro de consciencia.

La consciencia se va tallando –como el tronco de un árbol- según… costumbre y gusto de los demás. ¡No obstante!, cada tronco de árbol es distinto; con lo cual, a pesar de la talla, hay opciones para que la figura que surja, el ser que surja, la consciencia que surja, además de ser lo que los demás quieren que sea, pueda aportar alguna pequeña novedad.

Al ser –el ser- tan manipulado, tan estructurado, según en el seno de la sociedad en donde surja, pronto se volverá “anti algo”: anti guerra, anti paz, antipático…

Muy pronto será educado en las artes de combatir –con pensamientos, con palabras, con obras, con acciones-… Tratará de defender lo mejor, sin ser atacado.

Y, así, se puede llegar al límite de que cada uno busca el exterminio del otro.

Ante estas coordenadas, ante esta prisión camuflada, es difícil ensoñar, es difícil imaginar, es difícil poetizar, es difícil… idealizar; es “muy difícil” una mínima comprensión de lo evidente que nos rodea –“es difícil una mínima comprensión de lo que nos rodea”-. Y si eso es difícil, ¿cómo se puede… acomodar la consciencia, para sentir algo más que sus costumbres, razones, lógicas y tradiciones? ¿¡Cómo!?

Probablemente, nuestra presencia como “vida”, en este plano de consciencia, no era que nos secuestráramos a nosotros mismos a través de nosotros mismos, sino que probablemente teníamos –y tenemos- la posibilidad de que, cuando lleguemos a la vida, seamos una flor que se abre al vacío, que perfuma el entorno, que… alegra, y es agrado de todos.

 

Con la consciencia ordinaria, la actitud ante el Misterio se hace ¡hostil!, ¡dudosa!, ¡desconfiada!... Si se sospecha, además, que quizás ese Misterio pueda intervenir en nuestras vidas, entonces… la consciencia se vuelve mezquina; se hace –el ser- una protesta y una queja continuada.

Porque, realmente, el Misterio –como equivalente de lo Divino-, al no poder asimilarlo como… una evidencia, cada uno se lo fabrica a su modo. Y cuando se comprueba diariamente que… lo que ocurre no es lo que nosotros queríamos, el ser se rebela, se hace protesta, se hace ¡rabia!, se hace triste…

Por un momento pensó que el mundo era él… y sólo él. Y a veces, ¡de repente!, el ser se da cuenta de que hay otros seres…; incluso, que piensan; que comen otras cosas; que se divierten de otra manera…

“¡¿Cómo es posible?!... ¿Cómo es posible que mi Dios no sea el mismo que el tuyo?”

Porque, claro, cada uno piensa que “el suyo” es el verdadero.

Así tanto, que… que las humanidades se van distribuyendo por millones de creyentes: unos, en un dios, en unos dioses; y otros, en otros. Y los dioses no se ponen de acuerdo.

Cabe la atención de fijarse en cómo es posible que nuestra consciencia sea tan… carcelaria, ¡tan sectaria!, que piense, que sienta y que tenga ¡la certeza! –“certeza”- de que su dios es el único y el verdadero.

El Misterio de los Misterios se hace –para muchas culturas, a lo largo del tiempo- algo conocido; algo manejable…

Parece que de nada sirvieron persecuciones, ejecuciones, hambrunas, guerras, pestes, enfermedades, sufrimientos y dolores… por consciencias diferentes.

Es que, ¡claro!, es muy difícil aprender en una jaula; es muy difícil aprender en un secuestro; es muy difícil sobrevivir a una persecución…

Y es así como la humanidad marcha hacia su destrucción, por… la incapacidad de salir de la prisión.

Nació en la cárcel, se crío en la cárcel… y su vida fue la cárcel. Allí fabricó su Dios, sus imágenes, sus fotografías y sus sistemas de adoración. Interpretó los hechos según su parcial visión –que, evidentemente, no compartió con otros-.

Y lo que es más… alarmante y significativo, como aviso del sentido orante de hoy: y es que, cada uno, en su pabellón –en su pabellón, donde hay miles, millones de celdas- piensa y siente que está ¡libre!, se siente en su… ambiente, y cree que ésa es “la vida”. Cumple escrupulosamente con sus ritos, con sus morales y sus diferentes costumbres… ¡Sí! Alguna vez se ha asomado por la ventana de su prisión y ha visto estrellas, sí, pero… ¡bueno!, ya se encargan otros de clasificarlas, de ponerles nombre, y están… ¡por ahí!

También han oído, los del Pabellón 8, que los del Pabellón 3 están como un poco enfermos… ¡de hambre! Es una enfermedad extraña, la enfermedad del hambre. Es curioso: nunca la han llamado “enfermedad”; ni “síndrome”. Pero, curiosamente, de hambre, se mueren las personas.

“Sí. Pero, seguramente–dicen los que no pasan hambre- seguramente es porque son… vagos, negligentes, no trabajan… Seguramente…”.

Es curioso porque, diariamente –“diariamente”-, se asesina a miles de seres por hambre y sed. –Es una enfermedad, como hemos dicho-. Y se hace deliberadamente; conscientemente.

Los que cultivan, los que dominan la tierra, los que procesan los alimentos, los que politizan su precio, los que saben de “cómo y de qué manera producir”, saben… los que van a morir.

Esos asesinatos no están tipificados por la ley. Son muertes… “naturales”, “normales”.

Y esos mismos que programan y proyectan esas muertes diarias, irán todos los días al templo, ojearán sus libros sagrados y cumplirán con sus limosnas. Y tendrán la conciencia “tran-quila”. Y, a pesar de que se les señale, a pesar de que se les denuncie por parte de otros, se defenderán fácilmente porque son “la mayoría”.

 

Muchos, en sus modelos divinos, se preguntan por qué no viene Dios y castiga a los malos, premia a los buenos, y soluciona el hambre y la injusticia.

Creo que es fácil poder decir que… “eso” no es Dios, sino que es –más bien- un caudillo, un emperador o un… guerrero “bondadoso” –el cual… no existe-.

Una pregunta aparte –parece que no tiene nada que ver-: ¿El amor es respetuoso?

-¡Oh, sí!, ¡claro!…

-Ah, ¿“Sí, claro”? Bueno. ¿Y es posible que, en el Misterio de la Vida, ese Misterio que ha permitido la vida –y muy probablemente nos ame-, respete la vida que… que hay?

-¡Sí! Es posible.

-Y si respeta la vida que hay –ese Misterio que ha promocionado que aparezca la vida-, ¿es posible que, en su respeto, sea tan respetuoso, tan amoroso, que no intervenga… –aparentemente, porque es un Misterio- no intervenga en lo que hace, deshace, proyecta, se equivoca o acierta… el ser humano?

 

Entonces, si fuera así, habría que darse cuenta de ese Amor de Vida con el que nos dispensa el Misterio Creador, y asumir las responsabilidades que a cada uno correspondan para haber creado una consciencia de secuestro y de cárcel.

Y para que, en consecuencia, se pueda actuar ¡de otra manera! Al menos, que se sepa y se tenga consciencia de que se está… –se está- ¡preso!

Y, al menos, que se sepa –que se sepa- que la obligación fundamental, que el deber fundamental de un preso, es escaparse, fugarse; lo cual supone un riesgo; lo cual supone una imprevisible situación; lo cual ocasiona inesperados sucesos; lo cual supone suerte o… ¡o no!

Algo parecido a un Misterio.

 

No hagamos, del Amor, una cárcel.

No hagamos, del respeto, un combate.

No hagamos, de… las esperanzas, un imposible.

TIAN

TIAN

Siège central de l'École Neijing
RADIO ET TELEVISION

RADIO ET TELEVISION

Notre chaîne de communication
INSPIRATION FEMENINE

INSPIRATION FEMENINE

Association Inspiration Femenine
SIÈGES

SIÈGES

Les écoles Neijing dans le monde