El Refugio Orante

 

Y suele ser lo habitual, que los seres de humanidad se debatan en sus consciencias con lo que quisieran ser, con lo que quisieran hacer… y no hacen, con el debate de lo que dicen y de lo que se entiende, el debate entre lo sentido, lo consentido…

Sin duda, es ese contenido dual, pero también es producto de un contenido cultural, educativo, formativo… de una filosofía de parámetros estancos, que pide, desde la óptica humana, un patrón de comportamiento, de estancia…

Y claro, en la medida en que el sujeto, desde la más tierna infancia hasta la adultez… y continuando, se ve que no se encuadra en esos parámetros exigidos, duda. Duda de su capacidad, de sus recursos, de su capacitación, y entra en ese debate de lo que está bien, de lo que está mal, qué pensarán, por qué pensarán esto… si yo creo que es lo otro…

En ocasiones, ante este debate, muchos seres optan por –simplemente- imponerse sus criterios y tratar de imponerlos. Seguramente chocarán con multitud de situaciones… entre lo establecido y los que intentan establecerse pero no se establecen, etcétera.

A la hora de preguntarnos por qué esta historia de consciencia, podemos encontrarnos con la idea de que se ha perdido, o se ha diluido, o se ha ocultado nuestra referencia con la Creación; que, aunque no es un manual de uso… con órdenes concretas, sí suponía –¡y supone!- una referencia silenciosa que nos conduce a una estabilidad, a una cordura, a una consciencia de convivencia; no a un debate sobre la existencia.

El cómo se fue desconectando esa fuente de vida, seguramente se gestó en el descubrir de cada día –por parte del ser- de sus capacidades, sus recursos, sus deducciones, pensando que eran suyas porque en él se encarnaban.

Así se fueron gestando personalismos, personalidades –“máscaras”-… que iban actuando como dioses hacia su entorno. Y así se sigue, con una insolencia ante la vida, sin reparos.

Ésta es la consciencia general que nos envuelve… y sobre la que el Sentido Orante de hoy nos advierte que debemos estar atentos porque, sin duda, contamina; sin duda, crea competitividad, crea protagonismos, crea creencias de dominio…

Y esas creencias de dominio van a gestar territorios, lindes, barreras… 

Competencias entre dioses.

¡Es difícil!... o muy difícil imaginar –bajo este aspecto- una solución.

El Sentido Orante nos ofrece un refugio permanente. Pero un refugio. Como esperando que pase… esa combativa presencia.

Un refugio en el que es posible imaginar otras actitudes, otras posiciones, otros comportamientos. Y luego, “sin que escampe”, salir del refugio y… testimoniar lo encontrado, lo aprendido, lo sugerido…

Habitualmente, pronto hay que recurrir al refugio.

El debate acosa, rodea, requiere…

El Refugio Orante es un matraz alkímico en el que es posible transformarse, convertirse, transfigurarse.

Si así se percibe, se concibe y se cree, es posible… que el ser se libere del adoctrinamiento de los dioses humanos. 

Si no es así, y si el refugio es un simple… estado de ‘guarecerse’ para no mojarse, por si llueve… o porque está lloviendo, entonces estaremos en una situación… sin luces.

El Refugio Orante guarda y aguarda… como un lugar de Universo en el que ¡es posible!... redimirse de tanto debate, y reconvertirse en lo que el Misterio Creador diseñó.

Y así, bien podemos decir que, si el Sentido Orante, la Llamada Orante es un refugio, los que a ella acuden son refugiados… que huyen del conflicto, de la persecución, del dolor, de la sospecha, del hambre, de la persecución, de la violencia, de la prohibición.

Si la Llamada Orante es así…, hay un lugar para refugiarse.

Un lugar en el que no nos van a explotar, no nos van a especular, no nos van a comprar y vender, no nos van a encerrar, no nos van a castigar, no nos van a encarcelar.

A diferencia de los refugiados que día a día se producen… y que no encuentran consuelo, la Llamada Orante representa el refugio de acogida ¡real!, de consuelo ¡evidente!, de alivio ¡inmediato!

Es la estancia en la que el ser se siente.

Y el sentirse… promueve el sentido.

Y ese sentido, todos los que acuden a la Llamada Orante –los refugiados- tienen la ocasión, tienen la oportunidad –¡excepcional!- de gestar una nueva humanidad… en un espacio infinito; en un sin-tiempo… ¡eterno!

Sí. Podría decirse: 

“Soy un refugiado orante. Soy un inmigrante de un Misterio.

Estoy en lo que se llama “este mundo”, pero no soy de aquí. 

Como inmigrante, he encontrado… mi espacio; que ha dejado de ser mío, para ser un espacio de convivencia, de encuentro, de descubrimiento.

Y así, no echo de menos lo de antes. Estaba huido. ¡No quiero volver!... Estaba equivocado. ¡Me habían equivocado!

Emigré por necesidad, por contradicciones permanentes. Y me hice inmigrante… cuando me llamaron a orar. Y encontré mi espacio estelar… que permanentemente me asiste… si estoy dispuesto a escuchar. 

No me compra, ni me vende, ni me alquila, ni me devuelve.

Hoy es refugio, sí…

En el transcurrir será… la fusión, la identidad”.

Y cuando en el refugio… se transfiguran nuestras capacidades, en el “estar”… el miedo se diluye; la desconfianza carece de sentido; la ocasión se vive; la excepcionalidad se da; los milagros se comparten… 

Se es otra identidad.

Una cobertura amante, de Amor… tamiza las paredes del refugio –transparentes, cálidas-… de múltiples colores.

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