Hay “ahí, allí”. Hay “aquí”.

Y a las habituales consciencias, los murmullos de la vida se hacen ¡exclamaciones!; los murmullos del vivir se hacen… ¡peticiones!; los murmullos del soñar se hacen ¡predicciones!

¿Cuántos mundos de consciencia gravitan en la vida humana?

¿Cuántos reclamos de exigencia se imponen en la cotidianidad?

¿Cuántos olvidos de inolvidables se quedan en el trastero?

¿Cuántos arreglos inacabables de razones y justificaciones se enredan, se enmarañan en inquietas posiciones?

¡Hay! ¡Hay ahí! Hay ahí un vacío inconmensurable ¡Hay! Hay ahí una emanación permanente de posibilidades. ¡Hay! ¡Hay ahí!... hay ahí nuestro origen. Pero he aquí que el aquí se hace dictador, se hace exigente, se hace indolente, se hace radical, se hace sectario, se hace –como se suele decir- “como siempre”.

Así que ¡hay ahí! y hay aquí. Y el aquí reclama sacrificios, reclama… el diario lamento, reclama posesiones, reclama sacrificios de cada día, como un impuesto por vivir.

Hay. Y hay, ¡hay!, ¡hay ahí!... lo que no reclama, lo que no exige, lo que no impone, lo que plácidamente se recrea y crea. ¡Y ese “hay ahí” está en esa cotidiana consciencia!

Y si no se ve ni se siente es porque ha sido usurpada por sí misma, ante la imposibilidad de dominio, control, manejo, manipulación ¡de lo que “hay ahí”!

Podría decirse que –¡quién sabe cuándo!- el humano se sintió embriagado por el lenguaje paradisíaco de los dioses, y a la vez se sintió fuerte y poderoso; y trató y trató de subyugar a los vacíos, a las misteriosas oscuridades. Y trató y trató tanto que, en desespero, inició una fuga para adorar su talento, y se empezó a adorar y a cubrirse de lienzos.

Y siguió adorándose y... y admirándose como gesta. Mientras, a la vez, construía equiparables modelos –a lo humano, claro-, dándoles el imperio de Dios; como si eso dependiera de la humanidad.

Así, la consciencia cotidiana se encuentra bruñida de recovecos y de resabios; apenas con claridades o con vacíos dispuestos; condicionada, amoldada, acomodada…

Pero… pero ¡hay ahí!; ¡de ahí! somos. Hay aquí; aquí transcurrimos.

No es aquí nuestra pertenencia, y ahí, allí, nuestro dominio. ¡No!

Es ahí, allí, nuestro origen. Es ¡de ahí, de allí, nuestro sustento!

Es aquí… es aquí un transcurrir con lamentos, con exigencias e imposiciones y combates sin fin –consigo mismos y con todo lo que les rodea-.

Pero parece –y así se siente y se cree habitualmente- que el “he aquí” es seguro, es manejable, es predecible; es… hasta que se ve que no lo es. Entonces viene el suspiro de allí, hacia ahí. Pero se queda en un suspiro. Y, salvo excepciones, se vuelve aquí, con un aquí de dominio, un aquí de manipulación, un aquí de… suerte engañada.

Y no se trata de elegir allí, ahí o aquí. Grave error… caer en un dualismo generado por la consciencia cotidiana, para defender la posesión de aquí.

No se vaya –¡no!- no se vaya a creer que ese dualismo indeciso ha sido gestado por la vida. No. No. ¿El pez acaso duda de si seguir en el agua o salir a la superficie!

¡Acaso el águila duda entre volar o... ser una gallina que pone huevos?

¿Duda?, ¿duda el insecto de si polinizar o echarse la siesta para recapacitar: “¿No será que soy un elefante y no me he dado cuenta?”…?

¡Ah!, pero el humano concienzudo sí se permite erigirse en protagonista.

Las costumbres, aquí, se hacen leyes; y las leyes se hacen intransigentes; y la intransigencia se hace prejuicio; y el prejuicio se hace juicio; y el juicio se hace condena; y la condena se hace penitencia; y la penitencia se convierte en castigo... Así hasta llegar ¡a la cadena perpetua!

Y se ha ido acostumbrando aquí, y ahí y allí. Se ha ido acostumbrando aquí, y así se ha gestado todo lo establecido: acostumbradamente.

Ahí, allí, cada vez para más y más, no existe.

Porque ya… ya se gestó la costumbre de nacer y crecer, reproducirse, preocuparse…; bachillerato, universidad, hijos, pubertad…; ¡ah!, amores, amoríos, friegas y refriegas…; orgasmos –o algo parecido-, sin saber qué es, cómo es y a dónde va… Pero así: todo bruñido. ¡Es la norma! Es la horma. Y de ahí no se puede salir.

Y así te lo dice el pequeño, el mediano, el mayor, el longevo… ¡mientras preparan su urna!... para asegurarse de que “lo único certero es la muerte”.

Así se está aquí. Pronto, es fácil –¡pronto, pronto, pronto!- pronto, es fácil –como se puede escuchar- recordar rápidamente lo que ocurre y lo que va a pasar. Claro, cuando eso pronto-pronto se descubre, ¿qué merecimiento tiene el vivir? ¿Para qué?, si sé que las muelas se me van a pudrir, que los pulmones se me van a atascar, que las piernas se me van a cansar… ¡Si ya todo me lo han dicho! Si ya parece que todo lo que significa “vida” está escrito. Si el allí, ahí... ¡bueno!: especulaciones de desespero. Muchas veces –sí-, de nada sirven.

¡Ay! Aquí, aquíaquí ya está todo cumplido. Y claro, dentro, obviamente, de la cárcel que cada consciencia se ha ido haciendo: individual, social, popular, de barrio, de país, de idioma… Pero extraordinaria y parecidamente igual.

Las excepciones que se pueden dar, son miradas con recelo porque no son “igual”. Son observadas con cautela y vigilancia, ¡no nos vayan a hacer mal!

Sí. La consciencia cotidiana y ordinaria está muy ocupada en proteger, en defender; en exponer continuamente el serrucho de la razón: “Es que aquí el pan es pan y el vino es vino” y… y cuatro cosas más.

¿Qué… qué fue de ese ánimo de vivir, de descubrir, del joven que indagaba?

¡Oh, no! Rápidamente se informó. Y de inmediato supo y aprendió que esto era así, así, así, y así y así y así y así, aquí.

¿Allí…? ¿Ahí?...

–¡Bueno!… sí. Pero ¡bueno!…

 

Parecer ser –“parece ser”- que el diseño de la vida es impredecible. No se somete a costumbres, aunque lleve ritmos, frecuencias, cambios, modificaciones, mutaciones… Pero no es una costumbre.

Pero, sí, prontamente, al soñador, al idealista… se le hace recapacitar sobre su recibo de luz, de teléfono, de casa, de seguridad… Rápidamente se le obliga: “Y si no, tú verás”.

“Y si no, tú veras”: la amenaza permanente del aquí.

Mientras allí, ahí... se crea, se recrea, se expande, se mueve. Una sinfonía de misterios se entrecruzan. Un sinfín de intenciones nos abruman, aunque no se escuchen ni se vean ni se intuyan; ni siquiera se fabulen.

Orgulloso se siente el hombre cuando, “en aquí”, domina y controla y maneja. Se ve ganador, se ve triunfador… No tardará mucho en verse apartado, en verse retenido.

“¡Ah!, porque la ley de la vida...”. “¡Ah!, porque la costumbre…”. “¡Ah!, porque las leyes…”. “¡Ah!, porque tu edad…”. “¡Ah!, porque…”.

¡Ay! ¡Qué efímero aquí se plantea!

Por un momento, ¡por un momento!, el allí y el ahí reclama su eternidad.

¡Por un momento!, orando, nos suspiran infinitas e incomprensibles inmortalidades.

¡No!... Desde aquellas Creaciones no se gestó ningún aquí para que se muriera.

Las eternidades y los infinitos no tienen esa capacidad. Sólo saben de eternidades, de infinitos. Nunca empiezan ni terminan.

Y todo parece indicar –a pesar de la obsesiva compulsión de lo científicamente razonable- que de ahí, de allí, venimos; y de ahí y de allí estamos compuestos, estamos hechos.

¡Claro, claro, claro!, ¡no se va a cambiar todo de repente!, no. ¡No se puede tirar todo por la borda! No, no. Ante todo hay que asegurarse.

Nunca se podrá demostrar que el allí, ahí nos engendró, nos insufló y nos mantiene.

En consecuencia, el sentido común…

¿El qué?

El sentido común.

–¿El qué?

–¡El sentido común!

–¡Ah, sí!

…dirá que la costumbre y la razón son la ofrenda; la certeza y la ganancia; el logro y él éxito…

Aunque el morir sea una incómoda consecuencia.

¡Ah, no importa, no importa! –dice la razón-. Hasta que te llegue la pelona, hasta que te llegue el ataúd, puedes hacer y hacer y hacer…

¿Y…?

Pero es que eso es la vida.

¡Ay!, ¡los sueños!...

¿Los sueños?

Sí. Hasta ocurría y ocurrió que, por “sueños”, los hombres de humanidad se dirigían, se guiaban y se sentían. Hasta comunidades enteras se movían.

¿Qué fue de aquello?

¡Ah!, era mejor soñar con lógicas, soñar con realidades. Y los sueños quedaron sometidos a un trazado electroencefalográfico que indica que los neurotransmisores están funcionando.

Y los sueños, entonces son y se convierten en una buena propaganda, en una excelente idea de marketing. Ahí están, ahí están… más de 800 000 seres humanos con sus sueños destrozados porque un presidente les ha quitado la insegura inseguridad que tenían: los “dreamers”.

¡Ay! ¿Qué será de su sueño?

Pero ¿qué sueño? ¿De qué sueño hablan? ¡Ah, sí!: de los móviles, del ‘Studebaker’, del ‘Cadillac’, de la casa, de la tarjeta del seguro…

¡Aah! Es que ahora los sueños son así, ¿sabe usted? Ahora los sueños son “eso”.

Y si... –¿cómo diríamos?- y si quieres soñar un poco mejor, pues eliges a Alberto Contador y le aplaudes una hora –aunque no haya ganado ni haya hecho nada, pero majo él, combativo, ¡oye!-. Y ya sueñas con Fernando Alonso, porque es lo mejor conduciendo; la culpa la tiene el coche. Eso ya son sueños de nivel, ¿eh? Y se mantienen. ¡Sí! ¡Los mejores! ¡Fantásticos! ¡Extraordinarios!

¡¿Pero esto qué es?!

Claro, es como una reminiscencia de aquellos sueños que… que eran sueños; ¡que estábamos dormidos!...

No. Pero, ahora, ¿soñar dormido? Esto… ¡no! Ahora hay que soñar despierto, con razón y con lógica, con banderas y con laudes y aplausos y…

Y, como siempre, se gestó esa manía de: “Hay que hacer realidad los sueños, hay que hacer realidad los sueños, hay que hacer realidad los sueños…”.

Y la realidad se quedó ceñida en lo material. Pues ahí están, “erre que erre”.

¿”Erre que erre”, a qué se refiere? ¿A Esquerra Republicana? ¡Viva Cataluña libre, republicana!

“Erre que erre”, el sueño revelador de “erre que erre” de realidad.

No se ha descrito el “homus brútidus”. No, no se ha descrito como tal. Pero… pero ¡qué forma tan… tan “pedrusca” de llevar los sueños a esa materialidad!

“Si no, si no los llevas, fracasas. Y un fracasado es un despojo”.

Así que, por aquello del orden y la norma y la costumbre –sobre todo-, pues se estructuran los sueños. ¡Claro! Se estructuran, se calibran, se ve las calorías que consumen –en despierto, claro-, se les ven las posibilidades… Se le recomienda el gimnasio, el pádel o la natación, y se les coloca debidamente para que puedan cumplir sus sueños y hacerlos realidad: tener una casa en el campo y un vehículo que cuidar. ¡¿Para qué más?!

Por ejemplo.

¡Ay!... En un desliz –pero probable cuando en Oración se está-, hay ahí, allí… una atracción que embelesa; hay ahí, allí… un amor que nos inunda; hay ahí y allí, un contemplar… de sinfines, sin saber; hay ahí y allí… un reclamo a nuestras gracias, a nuestros recursos; hay ahí y allí, flotando, una bondad… que envuelve, que recoge, que ¡calma!

Hay ahí y allí… –¡hay!- refugio de verdades; evidentes sinceridades.

Si por un momento dejas de escucharte, las escucharás.

Como un inmediato transporte, te sentirás contemplando inmóvil… embelesado… asombrado… impresionado.

Hay ahí, allí

¡Hay!...

¡Hay!… 

***

TIAN

TIAN

Hovedkvarteret til Neijing Skolen
RADIO OG TV

RADIO OG TV

Vår kommunikasjonskanal
FEMININ INSPIRASJON

FEMININ INSPIRASJON

Feminin Inspirasjon Forening
HOVEDKVARTERER

HOVEDKVARTERER

Neijingskoler i verden