Somos un proyecto inacabado

 

Se dispone el Universo con sus favores… en cada instante.

En la medida en que el ser se siente acompasado, acompañado, cercano a... los procesos creadores, si su hacer es vocacional, visionario, fantástico, decidido, sin aplazamientos… seguramente se dará cuenta de los favores que recibe individualmente, y también se dará cuenta de los favores que se aprecian en su entorno.

¿Por qué decimos “favores”?

Se dice “favores”, porque se parte de la base de que el ser es “un necesitado”.

Para cumplir su hacer, su estar, en la plenitud de sus capacidades y recursos, necesita un… digamos “un plus”; o no está pleno, si no incorpora ese “favor”.

Como en la vida cotidiana: necesitamos algo, y aparece alguien que nos favorece; o vamos directamente a pedir… y a reconocer nuestra carencia, del tipo que sea.

Esta disposición, esta actitud, nos promueve en la humildad; nos estimula en la atención, la alerta; nos ayuda a la interpretación; y nos permite una adaptación ¡rápida!, ¡eficaz!, sin dudas… desterrando así el error que tanto inhabilita los ‘haceres’.

Por no equivocarse, por no cometer un error, la pasividad se instaura y se deja de hacer; se busca el acomodo, el bienestar y el confort.

¿Sabemos realmente los favores que necesitamos… hoy, en el siglo XXI? ¿O, en la mayoría de los casos de la mayoría, lo que creemos necesitar está ligado a la industria del consumo, a la manipulación del marketing y a la capacidad de recursos de productividad?

Seguramente, en el cotidiano hacer, se hace difícil saber –ante esta situación- qué favor necesitamos.

Téngase en cuenta que “El que favorece” o “Lo que favorece”, recursos tiene ilimitados. Y sabe de nuestro ser. Y algo importante: como pudiera ocurrir en una relación humana, el que te favorece lo hace por comprensión, por afecto, por intención de ayuda. Así que ¿cómo serán, proporcionalmente, los favores que se reciben de la Creación, del Misterio viviente?

¿Cuánto amor se emplea, y cuánto percibimos… o cuánto rechazamos?

Porque esos favores vienen de la mano de la casualidad, del enamoramiento, del afecto, de las circunstancias, de lo imprevisto, de lo afectivo, lo espiritual…

La Creación utiliza sus intermediaciones… dada nuestra capacidad como criaturas.

El Sentido Orante es, como intermediación, un motivo permanente a cualquier alcance; o al de cualquiera que se ejercite en ello… para intermediarse en torno a los favores.

Nos facilita y nos configura como “necesitados”… sin que pidamos nada en concreto, pero sabiendo de nuestra condición.

El Misterio Creador sabrá de nuestras necesidades, porque de él emanamos.

Y precisamente estamos en un punto –siempre- de necesidad, para recibir ese favor, como estrategia de Creación.

Y esto puede considerarse una revelación: descubrir que es una estrategia creadora, el dotar a los seres vivientes de un… espacio del ser, necesitado, que sólo puede ser cumplimentado por la Obra Creadora.

¡Ah! Y esto nos lleva orantemente a pensar y a sentir que somos un proyecto –en la vida, en el Universo- un proyecto ‘in-acabado’.

Si somos necesitados desde nuestro afloramiento, para que así nos demos cuenta de nuestro origen, también detrás estará el lenguaje de… “incompletos”.

Estamos por completarnos. Y la oración es el recurso más cercano, más “a disposición”… por parte de todos, con la particularidad de cada uno en su visión y en su vivencia.

Es compartida, es hablada, es revisada… Se presta a todo pleomorfismo. Y nos descubre que somos un proyecto de Universo, incompleto.

Así que, en alguna medida, podríamos decir: “Nunca podemos estar a gusto”.

Parece que siempre falta algo… porque estamos continuamente creándonos. O, mejor dicho, continuamente nos están creando. Continuamente se están recreando en nuestra creación; que no necesariamente lo llamaríamos “evolución”. “Creación”.

Y seguramente, si albergamos en nuestra ánima ese sentir, nos veremos… “nos veremos” crecer, nos veremos cambiar, nos veremos rectificar, nos veremos ¡novedosos! Nos iremos viendo… cómo nos van modelando, moldeando, acomodando… –sin comodidad- en nuestro sitio, y cambiando de sitio según necesidad.

            ¡Sí! ¡Todo un misterio, pero que podemos percibir y ejercitar en vida!... en el vivir de cada detalle.

“¡No! ¡No soy el mismo de ayer!... Y a lo largo de hoy, se presentarán sensaciones y situaciones, si estoy alerta y atento, que indican que estoy siendo creado, recreado… porque no estoy completo”.

Así, evidentemente, nunca estaremos completamente satisfechos. No significa que estemos insatisfechos, pero siempre nos daremos cuenta –si estamos en esta disposición- de que algo más nos ronda, se insinúa, nos provoca, nos alienta…

No nos deja anclarnos. Nos promueve en ese nomadismo a través del Universo.

Y eso nos permite comprender, entender, sintonizar… con toda la biodiversidad de nuestra especie y de todas las especies que nos rodean. Porque todos están en la misma condición… de “estar siendo creados”.

Semejantes a un embrión que tiene las potencialidades, pero debe brotar esta o aquella cualidad… para completarse.

Quizás… “con razón” –entre comillas-, cuando… tradiciones hablaban del “embrión cósmico”, ¡se estaban refiriendo a esta idea!; a esta acotación orante.

Si nos sentimos embriones de un permanente amanecer… estaremos recreándonos de una manera continuada.

Es, o será, un vivir y convivir complaciente, comprometido, compasivo, con pasión.

Suele… suele aparecer un cierto… ¿miedo?, ¿desconfianza?, ¿inquietud?, cuando propuestas de este tipo se presentan como ejercicio, puesto que hemos sido educados con la idea de nuestro vigor, nuestra capacidad, nuestro esfuerzo, nuestro trabajo, nuestros logros…

Nos hemos secuestrado de la Creación. Por supuesto, aprovechando todo lo creado; como si hubiera estado ahí solamente para que nosotros especulemos, robemos, manipulemos, manejemos… a nuestro antojo.

Así que, cuando somos desposeídos de esa habilidad, aunque lo sintamos, puede aparecer esa levedad miedosa, o esa desconfianza de rumor…

Es producto, sin duda, de nuestra acomodación; de nuestras seguridades.

¡La vida no se generó ni se gestó en base a seguridades!... Se gestó y se generó en base a “oportunidades” diseñadas mágicamente, ensayadas –permitámoslo- “milagrosamente”.

En consecuencia, debemos dejar que la brisa se lleve ese estado de desconfianza, de miedo… en el que también va la crítica, la opinión…

¡Ay, ay! ¡Qué indigna es la especie, en el seno de la Creación!: todo a su disposición, y ese “todo” se secuestra, se maneja, se manipula, se estropea.

¡Esto hace que pensemos muchas veces en la ingratitud de nuestro ser y –en consecuencia- en el castigo que recibiremos!... Con lo cual, no habría lugar a los favores.

Pero es que ahí estamos poniendo cualidades descalificadoras, propias, a una Creación Misteriosa.

Deshagámonos de esas ideas… ¡porque ciertamente no son ciertas! Son producto de la egolatría, de la idolatría.

Los favores están ahí; siguen ahí, creándonos. No desfallece –milagrosamente- la Fuerza, el Misterio… aunque nuestra ingratitud sea… ¡grave!

Y podría ser que… sabiendo todo esto, nos favoreciéramos mutuamente. Y el “por favor” y “los favores” florecieran de forma cotidiana, ¡generosa!, como reflejo de los favores que nos aguardan de nuestras creaciones.

¡Sí!...

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