La Llamada Orante nos llama a relativizar lo inmediato

 

El camino… que la humanidad eligió –en su conjunto, globalizadamente-, el camino de prepotencia, de soberbia y vanidad, de poder –con su violencia-... se hace cada vez más evidente. Y con total impunidad. Hasta el punto de que… no hay defensa ante un determinado nivel de violencia.

Y el entorno todo lo contempla con aparente preocupación y asombro… en los niveles de poder que nos enseñan… –que son repartos de ganancia-, mientras las poblaciones se desesperan.

El ejemplo que toca vivir ahora, cercano (la guerra en Ucrania), que parece el más demoledor… sin que lo sea…

Pero parece que duele más lo cercano que lo lejano.

En ese progresivo estado de impunidad, quizás lo más llamativo es que ni siquiera se juega con el prototipo de ver quién gana, de ver quién tiene razón, de ver… No.

Simplemente el más poderoso, puesto de acuerdo con los otros poderosos, deciden emplear el poder y la violencia como una muestra de ese estado de globalización, en el que se trata de meter a toda la población en un único pensamiento, en una única forma, con la amenaza inminente… y con el mensaje de que “no tienes defensa”; que nadie vendrá a ayudarte.

Y deberás claudicar ante la potencia.

Es una muestra… que probablemente genere “simpatía” para que otras potencias actúen de la misma manera.

Cada vez es más grande el abismo entre los poderosos y el resto.

Se está llegando a una situación en la que el huir... –que pareciera lo propio- puede ser lo peor.

¿A dónde?

¿Qué acogida tendrás a donde vayas…?

Permanecer…; permanecer con la actitud de… convivencia, con la actitud de relación, con la actitud de cuidado, ayuda…

Porque el miedo se hace desespero, y con ello se pierde el criterio.

La Llamada Orante nos llama a relativizar lo inmediato. A no dejarse apantallar por lo… “noticiable”. A abrir el compás… del drama que vive la especie… y tomar consciencia del desarrollo personal, de la actitud en el convivir, en el compartir, que nos va a dar la mínima calidad para entrar en otras dimensiones en las que, sabiendo que se está en “estas” –concretadas-, podamos mantener la cordura sentimental lo suficientemente clara como para festejar el alimento, alegrarse en el canto, el realizarse solidario, el compartir elementos, el huir de radicalismos y de apropiaciones y propiedades… que nos da la consciencia cotidiana.

Aunque parezca una contradicción –y en ello nos conduce la Llamada Orante-, los exagerados momentos de convulsión nos hacen recapacitar, nos hacen remodelar, replantear nuestras creencias…; recapacitarnos en nuestros ¡recursos!, para entrar en otras dimensiones de convivencia…

Para evaluar y valorar los sentires, y los compromisos que ello lleva consigo.

Que la claridad del amanecer nos proporcione la visión serena, la escucha obediente, la palabra precisa que represente la verdadera perspectiva… que resuelva las contradicciones.

El temperamento ganador, el temperamento superador de continuas pruebas, la actitud de competir, como muestras de logros… nos llevan a un periodo de decadencia, porque el logro es efímero… y la pérdida es grande.

Y así, todo se vulgariza.

La virtud se intimida…

La sinceridad se camufla…

La esperanza se diluye…

Y la Fe se hace escurridiza.

Y es así que, entonces, la humanidad se comporta en la frivolidad de lo superficial, de lo inmediato, del resultado…; en la continua superación de escalones y con la amenaza persistente del castigo.

Hacer del vivir ese recorrido… es abandonar el Misterio, la Magia y el Milagro de vivir.

El saber ver la universalidad de los procesos, en los casos particulares, nos da la opción –¡en cada una de nuestras acciones!- de intervenir, de ¡participar!… en todos los procesos.

Y es así que, de esa forma, no quedamos “secuestrados” en una visión parcial, que termina siendo egoísta… propietarista… sectaria… –aunque no gusten mucho esas palabras-.

Recogernos en el instinto de santidad… –ese potencial producto de nuestro origen- nos puede sugerir, en nuestras sensaciones y en nuestras percepciones, la urgencia inmediata de Re-velarnos en todo lo que esté velado, para aclarar, para despejar…; para no tener que llevar el fardo pesado de lo oculto.

Implorar por la permanente esperanza…

Revivir en la continua creencia…

Hacernos calidades de servicio…

Y encauzar nuestros sentires enamorados, en un amar… sin justificaciones, sin prejuicios, sin partidismos, sin posesiones.

***

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